lunes, 22 de abril de 2013

Capítulo 15.

La expresión de Drake cambió unas tres veces en dos segundos. Finalmente, me cogió de la mano y me llevó a un claro del bosque envuelta en una manta para hacerlo más ameno.
Ahora estamos sentados en mitad de un campo florido, yo con la manta sobre mis hombros y él mordisqueándose las uñas distraídamente, pensando en cómo empezar.
-Supongo que ya sabes que los Rebeldes son una comunidad que está en contra del Gobierno. No están Operados, y eligen libremente cuándo perder la virginidad, casarse y todo eso. Viven alrededor de la ciudad y atacan de vez en cuando. No tienen ningún objetivo, sólo conseguir derrocar al Gobierno.
Asiento, intrigada. Hasta ahora nunca había hablado seriamente con alguien sobre este tema. Nadie quiere hablar de eso. Los Rebeldes son un tema vedado para la mayoría de los ciudadanos.
-Hasta ahí, lo sé.
Drake mira a su alrededor, nervioso.
-Dicen que son salvajes. Pues bien, se equivocan. Son personas civilizadas, más civilizadas aún que nosotros mismos. Aunque vivan bajo tierra, cada día más gente conoce el lugar y deciden unirse a ellos. Por eso también cambian la ubicación de la comunidad constantemente- el tono de voz de Drake se hace más apasionado, y los ojos le brillan- Tienen armas. Muchas armas. También infiltrados en el propio Gobierno. Nos...Les envían a los Emparejamientos para conseguir a más reclutas. Se harán con el control, Scarlett. Lo harán.
Le miro, casi con miedo. Me arrebujo más en mi manta y noto que me empieza a temblar el labio. Su forma de hablar sobre los Rebeldes... Como si él fuera uno de ellos. Ese tono tan apasionado. Y me acaba de proporcionar información que nadie más sabe.
-Tú... ¿quieres unirte a ellos?
Drake niega y me aprieta la mano con fuerza.
-No. Pero tú serías una gran rebelde. Sé que te has resistido a la Operación. Lo noto en tu mirada, em tu forma de actuar. No eres una androide. Eres humana.
A mí no se me ocurre otra cosa que pensar que Drake es el chico al que mi madre no habría querido en casa ni habría visto adecuado para mí. Su apariencia es sospechosa, pero tiene un aura atrayente. Consigue lo que quiere siempre, de eso estoy segura. Y se entera de todo.
Le miro de arriba a abajo. Él tampoco parece estar Operado.
-Has acertado, Drake-. Me levanto con las piernas temblorosas- Y tú tampoco lo estás. Lo llevo pensando varios días. Tu constitución, tu forma de actuar... eres un rebelde, ¿no es así? Uno novato. Impaciente. Pero entrenado.
Drake se sonroja y asiente. Yo estoy demasiado ocupada pensando en cómo lo he adivinado todo para darme cuenta de que estoy ante un terrorista que planea la destrucción del país. Y mi madre no estaría orgullosa.
-Eres lista, Scarlett. Sí, soy un rebelde demasiado entusiasta e impaciente que no ha podido aguantarse para decírtelo. Tú serías mejor que yo. ¿Aceptas?-Me tiende la mano y me mira con ojos esperanzados.
¿Y qué hago yo? Echo a correr. Lejos, lo más lejos que puedo. Tropezando, apartando ramas, sintiendo los picotazos de los bichos en los brazos. Apenas me doy cuenta de que la manta se me cae y pierdo un zapato por el camino hasta que llego a una ciénaga y me hundo hasta las rodillas. Lucho durante unos minutos hasta que me doy cuenta de que conforme más me muevo, más me hundo.
Estoy metida hasta la cintura cuando siento algo desliza entre mis piernas. Busco un palo para impulsarme, pero no veo ninguno. Escucho a Drake llamarme a lo lejos, pero estoy repentinamente enfadada y no quiero saber nada de él. Quiero apañármelas yo sola.
-Genial-bufo, exasperada. Me hundo hasta la nariz y despego los pies del barro, haciendo un ruido como de ventosa, y nado por el barro, esquivando a los bichos. Consigo llegar a la orilla y me quedo allí, cubierta de barro, y con una rama enrollada en el tobillo.
No, una rama no... es una boa.

miércoles, 10 de abril de 2013

Capítulo 14.

A última hora de la tarde, Noah y Jimmy se van. Me despido de ellos con un beso y les digo que pueden volver cuando les plazca, poniendo especial énfasis al decírselo a Noah, y Drake me respalda, percibiendo mi preocupación. En cuanto desaparecen por la puerta, Drake, apurado, se dirige a la habitación con rapidez, y le dejo ir. La verdad es que, después de después de la conmoción que me ha causado ver a Noah así, quiero estar sola, sin pensar en nada, simplemente sentada en el sofá leyendo un libro o algo.
Pero mis pensamientos no están de acuerdo. Me asaltan diversas imágenes sobre cómo habría podido ser mi futuro marido si no hubiera trucado el ordenador, si hubiera dejado que el chico de nariz aguileña hubiera sido emparejado conmigo. Al mismo tiempo, me siento culpable por no haber cambiado la pareja de Noah antes de su Emparejamiento. Es verdad que nunca hubo mucha confianza entre nosotras, pero había algo que nos unía: nuestro pasado. Y yo había roto esa bonita unicón dejándola ir con Jimmy.
Me estampo un cojín en  la cara, desolada, y me echo a llorar en silencio, olvidando por un momento que estoy Operada y lo visto esta tarde no debería afectarme.
En cambio, el Gobierno no lo deja pasar tan fácilmente. Casi a los dos minutos, un grupo de agentes llama a la puerta con fuerza y corro a abrir. Lo empiezo a ver todo borroso y me tengo que apoyar en el quicio de la puerta, jadeando. Me mantengo consciente el tiempo suficiente para ver que un agente me estampa en la mano un sello en el que pone: ''DESEMPAREJADA''.

Despierto sobresaltada y bañada en sudor. ¿Ha sido sólo un sueño? Sería un alivio.
-¿D...Drake?-trato de imprimirle seguridad a mi voz- ¿Puedes venir, por favor? No me encuentro demasiado bien.
Lo espero con las piernas cruzadas y una manta echada sobre ellas, con la expresión más neutral posile.
-Dime, Scarlett-. Drake se sienta a mi lado y me mira con el ceño ligeramente fruncido.
-¿He hecho algo raro cuando Noah se ha ido?
-Te has deshecho de ellos como quien no quiere la cosa, te has acercado renqueando al sofá y te has dormido unos treinta minutos.
Imposible.
-No puede ser cierto-replico con suavidad- Ellos se fueron por su propio pie. Y yo no me he... ¿no han venido unos oficiales y...?-me miro la mano, esperando ver el sello, pero no hay nada-. Olvídalo, no es nada. Gracias, Drake.
-¿De verdad te encuentras bien?
Niego con la cabeza y le pido que se marche para terminar de dar forma a la idea que tengo en la cabeza. Un pinchazo insistente ha empezado a latir en mis sienes, y tengo que entornar los párpados para concentrarme. Me llevo la mano al escote y saco un papel muy arrugado, con grandes manchas de tinta. Mi lista de cosas que hacer.
1. Conseguir que el chico rubio  Drake sea mi pareja. 
2. Librarme de algún modo de la Operación. 
3. Conservar mi lengua y demás extremidades intactas. 
4. Colarme en el despacho de la directora. 
5. Cambiar mi pareja. 
6. Casarme. 
7. HUIR. 
Garabateo un ''hecho'' desde el número uno al seis, y hago una gran interrogación en el siete, sin descartar la opción todavía. Mordisqueo el lápiz y apunto el número ocho:
8. Sobervivir. 
Arrugo la nota y la vuelvo a guardar en su sitio. Me reclino sobre el sofá y sigo mordisqueando el lápiz hasta que se astilla. ¿Cómo sé que Drake se trae algo entre manos? Es solo una sospecha. ¿Y si mis paranoias han llegado tan lejos que todo el mundo me parece sospechoso? No. Imposible.
Me masajeo las sienes para atenuar los pinchazos y suspiro. Ha sido la Operación. Tiene efectos secundarios en mí. Me hace actuar en contra de mi voluntad; me hace ver cosas que no son.
Me planteo la idea de que a lo mejor los médicos lo han hecho intencionadamente para que no cometa ninguna locura mientras no esté Operada. Otra cosa de lo que tengo que librarme cuando vaya a huir.
-Drake, cariño...-le llamo con voz cantarina-. Háblame de los Rebeldes.

viernes, 15 de febrero de 2013

Capítulo 13.

De nuevo bajo las sábanas, Drake me abraza con fuerza y me acuna hasta que me duermo, tranquilizándome. Durante unos segundos, me debato, molesta, pero finalmente dejo que lo haga. Quién sabe si mañana dejaré que me abrace.

Me despierto sin haber soñado nada más. Tengo la vista borrosa por los efectos de la fallida Operación. Me doy cuenta de que no tengo ganas de sonreír y que no estoy tan angustiada por lo de Noah. De algún modo, me ha comenzado a hacer efecto.
Angustiada, me levanto de la cama y decido prepararme el desayuno. Drake se ha ido; dejándome a mí las tareas de la casa. Recojo sus platos sucios con rapidez y abro el frigorífico en busca de algo apetecible. Cojo una manzana y la mordisqueo sin ganas, observándolo todo a mi alrededor. El teléfono sigue descolgado, y me doy cuenta de que hay más cámaras que la última vez. Las miro fijamente, pensando en lo que haría con ellas. Seguro que me arrestan si me atrevo a tocarlas.
Durante el resto de la mañana, me dedico a fregar la casa y a inspeccionar los armarios y demás lugares inexplorados.
Es mediodía cuando llaman a la puerta. Intrigada, me pregunto quien será. Imagino que Drake, pero no debería volver hasta dentro de dos horas. Temerosa de lo que me puedo encontrar afuera, abro. Y mi sorpresa es mayúscula cuando veo a Noah en la puerta.
Una Noah pálida, demacrada, con bolsas, la barriga bastante hinchada y los labios cortados. Me obligo a no mostrar ninguna expresión cuando los dejo entrar a ella y a su marido, el rechoncho cincuentón avaricioso. Jimmy me besa la mano y yo, asqueada, trato de apartarla lo antes posible.
-Noah-digo a media voz, y la abrazo. Ella me aprieta contra sí y se dirige a un sillón. Trato de hacer caso omiso de la mirada de Jimmy, que recorre mi cuerpo de arriba a abajo. Trago saliva, deseando que Drake llegue cuanto antes.
Pienso en el pasado, cuando te casabas por amor y no por obligación. Qué feliz hubiera sido viviendo como mis padres. Ella era alta, guapa y alegre, y se llamaba Jannet. Él era más alto que ella, algo más serio pero igual de cariñoso, y se llamaba Michael. Ambos me contaban bonitas historias sobre su infancia, sus amigos y sobre los planes que hacían para su futuro. Se besaban con ternura, reían juntos, bailaban junto a sus amigos... Ahora, en cambio, no podré hacer nada de eso. A mis hijos les contaré cómo me criaron en un orfanato y cómo pasé la primera noche con Drake. Nada más.
-Scarlett-me llama Noah con voz ronca.
Interrumpiendo mis pensamientos, me deslizo por el suelo sobre los calcetines de mi pijama y me dirijo hacia ella.
-¿Qué pasa, Noah? ¿Puedo hacer algo por ti?
-¿Quién es tu pareja?
Mi corazón frena en seco. No puedo decirle que cambié los datos del ordenador para casarme con Drake, y contarle que me escapaba por las noches para visitar mi casa a escondidas, y en uno de esos momentos le vi. No delante de las cámaras.
El sonido del timbre me saca de mi ensimismamiento y corro a abrir la puerta. Esta vez sí que es Drake.
-Hola-digo, y me aparto para dejarle pasar.
-Buenas tardes. Traigo comida para que cocines-responde.
Hago las correspondientes presentaciones e invito a todos a un té. Jimmy no deja de recorrer mis piernas con la mirada y eso me incomoda, de modo que me concentro a fondo en la conversación que se desarrolla entre Noah y Drake:
-¿Así que estás embarazada?
-Sí. Se llamará Adam-sonríe Noah-Pero, ¿por qué Scarlett me colgó ayer? También me pareció oírte a ti. Pareces más mayor por teléfono.
-Scarlett se levantó sonámbula-explica Drake, y asiento para confirmarlo-se asustó con la llamada y te contestó con incoherencias.
¿Por qué mentía por mí? No tiene por qué hacerlo. Apenas me conoce, ni siquiera nos hemos besado o intercambiado más de diez palabras seguidas. Me prometo preguntárselo más tarde, lejos de las cámaras.
-Comprendo-dice Noah. Las manos le tiemblan cuando coge la taza de té-Tenéis una casa muy bonita. Preciosa. Nosotros vivimos en los suburbios, en una chabola pequeña pero acogedora.
Oh, la buena de Noah. Durante un instante me siento tentada de ofrecerle cobijo aquí para que viva en paz lejos de su marido, pero eso me acarrearía muchas preguntas.
Drake y yo tuvimos suerte de que se nos asignara esta casa. Siempre depende de tus parientes. Mis padres eran unas de las personas más ricas de la zona, de modo que mi casa tiene que ser lujosa. Los padres de Noah tampoco estaban mal, pero por alguna razón le han dado una casa peor. Esto es cada vez más injusto.
Me doy cuenta de que, con cada minuto que pasa, odio más al Gobierno.

jueves, 7 de febrero de 2013

Capítulo 12.

Decido que ya no puedo comer más cuando es casi la hora de dormir. Drake, que por lo visto ha inspeccionado a fondo la casa, me lleva a través de un largo y bonito pasillo a nuestra habitación.
-Lamento que no sean camas separadas, sé que las habrías preferido así...-se disculpa.
Pero estoy demasiado cansada para oponerme.
-No hay problema. Puedo dormir en cualquier parte.
Entro al baño para ponerme el pijama y Drake lo hace en el cuarto. Es un camisón de lana muy calentito y suave, perfecto para el invierno. Y muy bonito. Dentro de él encuentro unos calcetines que me llegan hasta las rodillas hechos del mismo material. En mi vida he tenido algo así, y me encanta. Sonrío, acariciando la suave lana, y me lo pongo.
Drake está sentado en la cama, revolviéndose el pelo y examinando las hojas de papel que el oficial nos dio. Me siento a su lado, inclinándome para ver mejor, pero él las aparta al instante y me ayuda a meterme entre las calentitas sábanas. Me acurruco bajo ellas y cierro los ojos, sintiendo el calor de mi nueva pareja tras de mí. ¿Le abrazo o no? Me muero de frío, pero no quiero cogerle cariño. Decido no hacerlo.
Vuelvo a tener pesadillas. Los agentes me persiguen, corro a través del campo, fuera de la ciudad y...Drake está a mi lado.
Me despierto bañada en sudor y con la almohada llena de lágrimas. Tragando saliva, obervo a Drake con atención, tratando de averiguar por qué apareció en mi sueño. Como no se me ocurre nada, decido salir a dar un paseo para despejarme, ya que estoy totalmente desvelada.
Camino con lentitud a través de la casa. Cada habitación tiene un estilo diferente; unas son muy modernas, con toda la alta tecnología descubierta hasta ahora, otras son más antiguas, decoradas casi como mi antigua casa. El suelo es de madera y cruje al pasar, tanto que temo que Drake se despierte.
Llego a la puerta de entrada y la abro despacio. Afuera, todo está tranquilo: el viento no mueve los árboles del bosquecillo en crecimiento que hay frente a nuestra casa y no se oye ningún ruido. Se ve el límite de la ciudad, una gran barrera de ladrillo y una cerca electrificada sobre ella. Hay dispuestas varias torres, de modo que formen un cuadrado, y debe de haber cientos de agentes por allí. Sobre todo ahora, que los ataques rebeldes son cada vez más frecuentes.
Me siento en el porche y cruzo las piernas, cavilando. ¿Cómo sería la vida ahí fuera? Tal vez no fueran tan salvajes como dicen. A lo mejor vivían bien, sin la Operación, con las personas a las que aman cerca de ellos. Me encantaría vivir así.
El teléfono del interior de la casa suena con fuerza y me apresuro a entrar. Es Noah.
-¿Dí...dígame?- susurro, pues nunca he usado el teléfono.
-¿Scarlett?-grita alguien al otro lado, haciendo que me tape una oreja con la mano.
-¿Noah? ¿De verdad eres tú?
-¡Sí! Vivimos en pleno centro de la ciudad, y somos muy felices-su voz suena histérica-. Espero un hijo.
La noticia me impacta. Dejo caer el teléfono al suelo y me escurro por la pared. Noah no quería esto, de ningún modo. Y no es feliz. Su tono de voz no me convence. Ella no merece vivir así, no después de todo lo que ha hecho por mí.
Cuando Drake se asoma a ver lo que ha ocurrido, me pongo en pie; furiosa, y grito:
-¡TÚ LO SABES!
-¿De qué estás hablando?
-¡Tú sabes lo que está pasando ahí fuera! ¡Te vi en el orfanato! ¡Debes ayudarme!
Drake, consternado, mira fijamente a la cámara y dice, sin que su expresión cambie un ápice:
-No te vuelvas a levantar sonámbula, o te tendré que castigar.
Empalidezco y trago saliva. No será capaz de castigarme. Es una forma grotesca y despiadada, pero que el Gobierno permite. Tu pareja puede pegarte, castigarte sin comer o encerrarte en una habitación hasta que vuelvas a hacerle caso.
-A la cama, Scarlett.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Capítulo 11.

Drake es insoportablemente atento. Después de que en oficial que nos enseñó nuestra bonita casita a las afueras de la ciudad, nos diera las instrucciones necesarias para vivir, nos entregara varias hojas de folios con nuestra información para conocernos mejor e instalara unas pequeñas y discretas cámaras se fuera, mi pareja comenzó a cuidarme como si yo fuera un polluelo recién salido del huevo. Me prepara muchísima comida (tanta que me dejo más de la mitad) se ofrece a arreglar nuestro cuarto y me prepara la bañera.
Pero no hablamos. Ambos, conscientes de que nos vigilan, no dejamos de lanzar miradas furtivas a las cámaras y a sonreír como si no pasara nada. Durante todo el día pienso en cómo conseguiré sacarle la información. Tengo que hacerlo con tono casual y desinteresado, de modo que ni él ni el Gobierno sospeche lo que en realidad quiero.
Me hundo en la bañera tanto que el agua me llega hasta la neriz y cierro los ojos. Todavía no me acostumbro a esta vida. Ahora que soy libre y no me obligan a hacer nada, tengo que organizar mi tiempo y cuidar de mi pareja a la vez, engordar, cuidarme. Y, lo más importante de todo: fingir que estoy realmente Operada.
Drake llama con timidez a la puerta y yo susurro un ''adelante'' que debe de haber oído, porque lo hace.
-Te traigo las toallas. Recién limpias.
-Muchas gracias, en serio. Nunca nadie me ha cuidado así. Pero mañana tengo que poner en práctica lo que he aprendido todos estos años. Tú no podrás hacerlo todo.
Drake se acerca más y me acaricia el pelo con lentitud. Trato de no moverme, a pesar de que mi corazón se ha acelerado. Reúno más burbujas a mi alrededor.
-¿Sabes?-murmura, bajando la voz-Deberíamos fingir que nos queremos. No estoy muy cómo así. Estás fría y distante. No muy feliz. Mañana, la Operación nos hará efecto y no podremos sentir nada, pero sí recordaremos esto. Si tú no quieres hijos, no tendremos. Me adaptaré a tus necesidades.
Asimilo todo lo que me acaba de decir. Aún creo que es un sueño. Quiere que finjamos que nos amamos, aunque seamos unos completos desconocidos y no sintamos nada el uno por el otro. Quiere que sea feliz, y no busca la satisfacción personal.
Eso me chafa. Así hace que sea más difícil el tratar de manipularlo, y sacarle información. Conseguirá hacerme sentir culpable, y eso no me conviene, por supuesto que no. Lo más seguro será herirle para que abandone sus buenas intenciones. Haré que me es indiferene todo lo relacionado con él.
Me encojo de hombros y le pido por favor que se vaya, pero sin alterar el tono de voz pausado. Percibo cómo su rostro se entristece y se marcha arrastrando los pies sin hacer comentarios. Es demasiado bueno para mí.
Suspirando, salgo de la bañera y me miro en el bonito espejo de pie que hay en un lado de nuestro estrecho cuarto de baño. Aterrorizada, doy un paso atrás: los huesos de las costillas se me marcan como si no hubiera músculo encima y apenas se me notan los muslos. Esto es lo que Drake ve, y no ha huido aterrorizado. Eso me consuela, pero a la vez me alienta. Si quiero conseguir escapar y conseguir sobrevivir ahí fuera, necesito estar sana y fuerte.
Salgo del baño tapada únicamente por la toalla y me dirijo al frigorífico que hay en la cocina, que tanto me recuerda al mío. Lo abro con ansiedad y como todo lo que me encuentro: queso, zanahorias, pan artificial.
Cuando Drake me ve asaltando la cocina, sonríe y comenta:
-Sabía que acabarías sucumbiendo a los encantos de la comida, Scarlett. 

martes, 5 de febrero de 2013

Capítulo 10.

El trabajo de mis estilistas es impresionante. Consiguen transformar mi apelmazado pelo en una bonitas trenza, hacen desaparecer mis ojeras y transforman mis labios en unos muy deseables.
Con mi cuerpo no tienen tanta suerte; estoy casi anoréxica por no haber querido probar bocado en varias semanas. Tienen que hacer grandes esfuerzos para ceñirme mi precioso vestido gris perla a la cintura, y apenas puedo sostenerme sobre mis tacones. Le echo la culpa de todo a la fallida Operación, al orfanato y a los médicos, pero sé que en realidad el problema es mío. Tengo la mente embotada por la morflina, y no contribuyo a mejorarlo. También es culpa mía por haberme negado a comer en semanas, como pobre signo de rebelión. Y más me valdría no haberlo hecho, pues me está pasando factura.
Las estilistas deben de notar que estoy muy nerviosa, porque tratan de animarme:
-Seguro que tu pareja es muy guapa-aseguran-tú solo trata de caminar con la cabeza alta y un pie delante de otro-afirma una de ellas, y me enseña sobre sus tacones de plataforma. Su estilo es raro, va vestida completamente de negro y un montón de piercings adornan su cara.
Gruño por toda respuesta y me miro al espejo. Puede que vean a una chica indefensa y raquítica que necesita ser defendida, pero no. Porque pienso rebelarme.

Un oficial me deja pasar a la Sala de Emparejamientos, y yo trato de mantener la compostura, dado que me están vigilando, y me coloco junto a las demás. Comparada con ellas, soy como un ratón.
Busco a Drake con ansiedad. Sí, allí está. Arreglado, como todos. Se gira a observarme con su característica mirada penetrante, como si supiera lo que hice. Y eso me inquieta de sobremanera. Cierro los ojos y suspiro con fuerza, tratando de serenarme. No puede saberlo.
Desconecto cuando la misma mujer chillona de la otra vez comienza su aburrido discurso, y me dedico a observar a las demás con la cabeza ligeramente inclinada. Todas tienen un aspecto estupendo, con sus vestidos de bonitos colores. Azul eléctrico, verde lima, rojo sangre. Una lleva uno de color naranja pálido muy feo, alguien debería haberle avisado. Pero es más bonito que el mío. Es bonito y ornamentado, sí; pero el color es muy feo. No encaja con mi personalidad.
-¡Que comience el Emparejamiento, pues!-exclama la mujer, sacando la lista.
Presto atención al instante, retorciéndome las manos con nerviosismo. Empiezo a dudar. ¿Y si no ha cambiado nada? ¿Y si hice el cambio mal, o, peor aún; lo soñé? Pero no. Sacudo la cabeza, tratando de sonreír. Me estoy volviendo paranoica.
Sorprendentemente, comienza por mi nombre.
-Scarlett Lekker y... oh, parece que ha habido un cambio. Drake Hairgrove. Esta vez no has perdido a tu pareja-ríe, pero nadie la imita. Bajando la vista, espera a que demos un paso al frente.
Me retiro el pelo de la frente y avanzo, tropezando con mis propios pies, pero tratando de mantener expresión neutral, como las demás. Como si estuviera Operada.
Drake me imita con expresión indiferente y nos miramos a la cara con intensidad, reconociéndonos mutuamente. Sus ojos parecen haber cambiado de color. Ahora son... verde mar.
Me preocupo cuando frunce el ceño al ver mi aspecto. Seguro que piensa que estoy horrible, y planea la forma de deshacerse de mí cuanto antes. Total, no lo sentiría. Pero no. Finalmente, parece dar el visto bueno, y me acompaña con él hasta una de las mesas. Me siento con lentitud y cruzo las manos sobre el regazo, esperando mi turno con paciencia.

La mujer termina con un carraspeo y yo me despierto, sobresaltada y avergonzada. Me he quedado dormida, pero ha sido agradable. No he tenido pesadillas.
Drake se pone en pie y me ayuda a levantarme a mí también. Su mirada me pone nerviosa. Pero tendré que acostumbrarme a ella si quiero sonsacarle algo.
-Y, parejas...-anuncia la mujer con voz pausada-mañana irá un oficial a sellar vuestro matrimonio y a ayudaros a conoceros mejor. Que paséis una buena noche.
Todas nos despedimos con una educada reverencia (en la que me tropiezo) y un ''adiós, señorita'' (en el que llego tarde.)
-Qué emoción, ¿eh?-murmura Drake, divertido.
-Y que lo digas. Lo estoy deseando, Hairgrove.

lunes, 4 de febrero de 2013

Capítulo 9.

Frente a la puerta de mi habitación, me doy cuenta de lo que he hecho. La puerta se ha  salido de sus goznes, los tornillos están desperdigados por el suelo y el pajarito que maté en un ataque de histeria y locura yace sobre mi cama. Si Elaine o alguien más ve esto, probablemente me juzguen o me corten la lengua. De modo que levanto la puerta como puedo y la coloco en su hueco. Se balancea peligrosamente. Reculo con lentitud y me tumbo en la cama, haciéndome la dormida para cuando Elaine se acerque.
Y, efectivamente, lo hace. No sé bien qué hora es después de haber pasado media hora tumbada, quieta y con los ojos abiertos. Con una sonrisa placentera, escucho atentamente cómo Elaine ahoga una exclamación ahogada al derribar la puerta y lo recoge todo con rapidez, para no despertar sospechas.
Sabía que reaccionaría así. Nunca falla, son como androides. Todas programadas para reaccionar igual. Y eso es lo que no quiero. Yo quiero sentir algo cuando nazcan mis hijos, me case, me den mi primer beso. Sentir algo cuando acaricie el pelo de la persona a la que ame, su piel, sus labios...
Porque Drake no será mi pareja. Él sólo me servirá para ayudarme a esccapar y recolectar información sobre los rebeldes.
Me muevo, pensando en cómo será la persona a la que estoy destinada a amar. Debe dictármelo el corazón, no el Gobierno. Y así debería ser para todo el mundo.

 El día de mi Emparejamiento se acerca y yo estoy cada vez más nerviosa, ojerosa y débil. Elaine me echó a mí la culpa de la puerta nada más ver el estropicio, y pruebas no le faltaban. El castigo se alargó dos semanas más, durante las cuales me redujeron el suministro de comida y agua. He adelgazado varios kilos, y ahora me mantienen más vigilada todavía. Hasta han instado a mis compañeras a no quitarme el ojo de encima.
Pero no les dije a dónde había ido. No he pronunciado palabra en todos estos días, de modo que tengo la voz completamente ronca cuando decido practicar ante el espejo. Carraspeo varias veces, pero sólo consigo hacer salir un hilo de voz.
Trato de engordar unos kilos de más, pero no me entra nada en el estómago. Tengo los brazos llenos de agujetas y moratones y las uñas partidas por los golpes que me han dado con una vara y el ejercicio que me han obligado a hacer, pero trato de seguir adelante. No lo consigo.
Para cuando llega el día de mi Emparejamiento, tengo que esperar unas horas de más  porque han tenido que ajustarme un poco más el vestido dada mi repentina delgadez.
No es un día agradable. No me despido de nadie, ni nadie se despide de mí. Cada día que pasé en el orfanato fue peor que el anterior.
Un aerodeslizador parecido al que nos recogió a Noah y a mí el día de su Emparejamiento. Escucho al oficial que me da instrucciones sin hacer caso de lo que dice y echo un par de cabezaditas antes de que frene rápidamente y me metan a toda prisa en el hospital. Me fijo en que la misma recepcionista atiende a los clientes y en que estudia mis huesudos brazos con preocupación. Me encojo de hombros para tranquilizarla y me introduzco en la sala de Operaciones dando un portazo.
Una angustia desconocida para mí hasta entonces se apodera de mi interior y me entran arcadas, de modo que vomito en mitad de la sala. Miro con asco cómo la bilis inunda el lugar y me limpio la boca con una mano temblorosa. Nunca conseguiré salir de aquí en este estado. Pero tengo que luchar de algún modo.
Un médico me agarra del brazo y me inserta una gran aguja cargada de morflina para dormirme.Mi último pensamiento es que me gustaría metérsela en el ojo.

Durante varias horas floto en el incierto mundo de los sueños en una paz prácticamente inalcanzable estando despierta. No llego a soñar nada, y eso me alivia. No quiero ver otra vez aquella persecución. Cuando los efectos se pasan, abro los ojos con lentitud y los cierro con rapidez, volviendo a tener arcadas. Los médicos hablan entre ellos con preocupación mientras suturan la abertura en mi cráneo.
-¿Qué...qué ocurre?-consigo articular con voz muy ronca.
-Señorita Lekker-exclama uno de ellos en voz baja-su Operación no ha tenido éxito. Su cerebro se resistía como ningún otro. Sus pensamientos negativos y cargados de sentimientos nos han hecho abortarla.
Sonrío, aliviada. Esto no me lo esperaba, de ningún modo.Ya me estoy imaginando a mí misma en un futuro no muy próximo, con una amplia sonrisa en la cara y corriendo con mis hijos de la mano. Y, a mi lado, mi marido. Su cara todavía es incierta, ya que no le he conocido todavía, pero siento en mi interior que le amo. Con todas mis fuerzas.
Pero la respuesta de los médicos hace que se me borre la sonrisa de la cara y las lágrimas acudan de nuevo a mis ojos.
-Sin embargo, eso no debe de ser motivo de alivio para usted. La tendremos vigilada durante un mes, de día y de noche. Puede ser usted un peligro para la sociedad. Y, si hace un movimiento en falso, no dude que será torturada. ¿Lo comprende? Usted sólo debe fingir ser feliz y todos contentos.
-Lo...comprendo. Sí. Feliz y contenta. El Gobierno me ha dado la felicidad. Sí. ¡SÍ!-grito, presa de la histeria.
Los médicos me vuelven a sedar y ya no recuerdo nada.

domingo, 3 de febrero de 2013

Capítulo 8.

Elaine cierra mi puerta por fuera, de modo que ya no puedo entrar ni salir. Sintiéndome como un animal encerrado, doy vueltas por la habitación sin dejar de morderme las uñas y pegarle patadas a las cosas que encuentro a mi paso.
Me han castigado sin salir de la habitación en dos días, y solo estaré alimentada de agua y un trozo de pan. A ver si se me vuelve a ocurrir escaparme y llevarle la contraria a una profesora.
Pero ya he aprendido la lección. Con las sudorosas manos agarradas a los barrotes de mi ventana y observando el exterior tratando de divisar mi casa. A su lado hay instalados un par de aerodeslizadores; seguramente estarán reconociendo el terreno.
Sudo a mares. Noto que las paredes se cierran. Respiro hondo, tal y como me decía mi madre cada vez que me ocurría esto. Uno...dos...tres. Apoyo la cabeza en la pared, reorganizando mis ideas. Como no consigo pensar nada con claridad, vuelvo al cajón a coger la lista y apuntar más cosas. Con mano temblorosa, garabateo:
4.Colarme en el despacho de la directora. 
5. Cambiar mi pareja. 
6.Casarme. 
Muerdo el lápiz, pensando. Pero no tengo más ideas. Excepto...
7.HUIR.
Me asusto de mis propios pensamientos y lanzo el papel al otro lado de la habitación. No puedo huir. Al otro lado solo hay tierra árida y reseca, y el Gobierno me pillaría al instante. Además, a saber si los rebeldes estarían por allí. Son seres salvajes e inhumanos, algunos fruto de modificaciones realizadas por el Gobierno, que fracasaron estrepitosamente. Atacarían a la primera persona de la ciudad que vieran.
Consigo conciliar el sueño; con la mente agotada de tanto maquinar planes, pensar y rebuscar información sobre lo que sé de los rebeldes y las afueras de la ciudad. Es decir, nada. No estudiábamos eso. No nos incumbía.
Un pajarito gorjea en mi ventana. Maravillada, me levanto a trompicones, derramando en vaso de agua que tengo ante mí. Genial, me quedo sin bebida para todo el día. Pero da igual. ¡Es un pájaro! Un gorrión, creo. Ya apenas quedan animales en la Tierra, dado que, cuando los polos se derritieron, el exceso de agua inundó grandes porciones de tierra. Los animales murieron ahogados en su mayoría, y los peces apenas sobrevivieron al agua congelada.
Agarro al pajarito entre mis manos y me siento con él sobre la cama, balanceándome hacia delante y hacia atrás, susurrándo una bonita canción que me enseñó mi madre. Trata sobre un pajarito que ha perdido su hogar y su madre busca, pero el agua se la llevó y él está solito.
Canto hasta que mi voz enronquece y el día se acaba. Entonces es cuando dejo al pájaro muerto sobre la cama y me dirijo con paso tambaleante a la puerta. La aporreo hasta quedarme sin fuerzas, y uno de los tornillos salta. Con una sonrisa triunfante, hago fuerza con un paraguas que hay en la esquina de mi habitación y consigo soltar el otro. Sujeto la puerta antes de que caiga al suelo y la aparto con sigilo.
El pasillo está desierto. Aliviada, me deslizo por él, escondiéndome de las cámaras de seguridad y escondiéndome de vez en cuando en los cuartos vacíos. Nadie parece percatarse de que la alumna recluida ha salido de su prisión.
El despacho de la directora está al fondo. No hay ninguna luz encendida, por lo que deduzco que ya se ha ido a dormir. Temblorosa, entro.
Es un lugar amplio, con las paredes desnudas y un ordenado escritorio de metal. A la izquierda, hay una habitación en la que pone ''PROHIBIDO PASAR'', a la derecha se escuchan los suaves ronquidos de la directora. Abro la puerta de la izquierda con sigilo, encogiéndome cuando chirría, y miro en su interior. Un gran ordenador, cuya pantalla está completamente negra, forma el único mobiliario de la habitación. Me siento en la silla que hay frente a él y lo enciendo, entrecerrando los ojos al verme cegada por tanta luz.
Lo primero que me pide es la contraseña. Angustiada, revuelvo en los cajones, a ver si hay alguna información útil. En uno de ellos encuentro un gran archivador con las fechas de Operación de todas las personas que han pasado por este centro. Algo me dice que la contraseña está ahí. Paso rápidamente las páginas hasta la letra S, y paso el dedo sobre los nombres hasta que doy con el que quiero. Susanne Smith. Directora. Fecha de Operación: 8/12/2200.
Tecleo rápidamente la fecha y el ordenador me deja entrar en el sistema. Ante mí aparecen todos los nombres de las alumnas del orfanato y sus parejas. Busco mi nombre y miro el de mi pareja: Jonathan Wood. Es un chico moreno, de nariz aguileña y penetrantes ojos negros. Treinta años.
Sin pensármelo dos veces, borro su nombre e inserto el de Drake Hairgrove. El ordenador lo registra en seguida y me enseña toda la información sobre él. Acepto los cambios y me recuesto en la silla.
Ahora lo tengo todo bajo control.

jueves, 31 de enero de 2013

Capítulo 7.

Minutos, segundos, horas, años, siglos. Llego a pensar que estaré aquí encerrada eternamente, con el lejano murmullo de las armas y las relucientes luces que bañan el campo. Mis compañeras se han permitido asustarse, su expresión ya no es indescifrable. Yo soy la única que no está asustada o angustiada; mi boca se ha curvado en una siniestra sonrisa y no dejo de balancearme sobre las puntas de los pies, a la espera de que acabe todo ya.
Echo de menos a Noah. Ella sabría qué hacer o qué decir. Me la imagino en su casa de la Ciudad, preocupada por los rebeldes y con su nuevo marido. Por primera vez deseo que la Operación le haga efecto ya, para que no se angustie. Si es que lo hace.
Levanto la cabeza bruscamente al escuchar unos sonoros golpes en la puerta, y observo atentamente cómo Elaine corre hacia la puerta y abre. Todas levantamos la cabeza para ver quién hay tras ella.
Dos agentes del Gobierno dialogan brevemente con Elaine y ella asiente repetidamente, sin dejar de mirar con nerviosismo a la figura que llevan entre los dos. Decido acercarme a escuchar.
Me escondo tras un sofá sin que nadie se entere, ya que están todas demasiado asustadas, y presto atención.
-...Sí, señores. Lo comprendemos. -Dice Elaine.
-Gracias por su atención, señorita Harris. Los rebeldes se han desperdigado después de hacerles retirarse. No sabemos dónde pueden estar. Para más seguridad, no salgan en toda la semana, hasta que hayamos derruido todos los edificios que haya en la zona. Comenzaremos mañana.
No. No pueden derruir mi casa. Mi hogar. No. Tengo que impedirlo de algún modo. 
Presto atención a la figura que hay entre ambos hombres, que acaba de gemir, y me olvido de todos mis problemas. Es una chica de unos diecinieve años, con la cara hinchada a golpes y los labios sangrando. Siento compasión por ella, sobre todo cuando veo que su lengua ha desaparecido. Trato de establecer contacto visual con ella, pero tiene la mirada fija en el suelo. Cuando voy a levantar la mano para saludarla, una férrea mano me agarra el hombro y me lanza hacia atrás.
La señora Johannson clava su mirada en mí, dispuesta a regañarme, y me encojo de miedo. Pero no es el sermón lo que más miedo me da, sino su rostro completamente inexpresivo. Un androide.
Una lucha tiene lugar en mi interior. Durante un segundo, deseo salir corriendo de allí, esconderme en mi casa antes de que la tiren. Despedirme de mi hogar. Aunque me cortaran la lengua, me torturaran y me mataran después.
Quiero ser libre.
Johannson percibe lo que pienso y me agarra con una fuerza inhumana el brazo, disculpándose y llevándome a mi cuarto.
Grito, pataleo, me debato, pero nada parece frenar su avance. Finalmente, me suelta en mi habitación y cierra la puerta.
La aporreo hasta que me quedo sin fuerzas y acabo sentada en el suelo, mordiéndome las uñas y con los ojos cerrados con fuerza. No quiero que derruyan mi casa. No lo soportaría. Es lo único que me queda, mi verdadero hogar.
Elaine entra unas horas después para vallarme la ventana. Apenas tengo tiempo de tirar bajo la cama la lista de cosas que quiero hacer y los dibujos que encontré en mi casa. Si quiero escapar de aquí, tengo que tener claras mis preferencias. De lo único que estoy completamente segura es de que Drake sabe algo. Sabe cómo librarme del Gobierno y sus ataduras. Y eso es lo que yo quiero. Pero, para ello, necesito que sea mi pareja. Soy consciente de que en la sala contigua al despacho de la directora hay un ordenador que contiene la información sobre las parejas de cada una de las habitantes del orfanato. Puedo modificar mi pareja.
Sólo necesito colarme dentro.

martes, 29 de enero de 2013

Capítulo 6.

En el orfanato, todo es igual de aburrido que antes. Bueno, excepto que ahora soy, lo que se dice, 'popular', gracias a mi exitosa presencia en el Emparejamiento de Noah. Me tengo que quitar a las chicas a manotazos y hasta Elaine, la señora Johannson, la señora Smith, y todo el cuerpo de profesoras está más pendiente de mí, seguramente porque teme que revele algo. De todos modos, no tengo muchas ganas de hablar.
Me paso las clases, los descansos y las noches maquinando algo. No lo sé ni yo misma, dado que mi mente está más espesa y adormecida de lo normal. Sólo tengo claros algunos objetivos, que guardo en mi cajón; garabateados sobre una hoja de papel. La saco otra vez para cerciorarme de que nada ha cambiado.
1. Conseguir, de una forma u otra, que el chico rubio Drake sea mi pareja. 
2. Librarme de algún modo de la Operación. 
3. Conservar mi lengua y demás extremidades intactas. 
No es gran cosa, pero es lo único que he conseguido plasmar en papel. No entiendo la parte de Drake, sólo sé que quiero adivinar más cosas sobre él. Lo de la Operación es una fantasía mía. La última parte se llevará a cabo  si consigo liberarme de los oficiales.
Suspiro y doy otra vuelta en la cama, que chirría bajo mi peso. No quiero dormirme, temo soñar otra vez con mi persecución, de modo que me levanto, dispuesta a volver a intentar mi escapada nocturna. Espero no encontrarme a nadie por el camino.
Llevo varios días escapándome por las noches. Es mi modo de liberarme de la presión que ejercen sobre mí dentro del orfanato, que me agobia y desconcentra. En esos momentos es cuando maldigo al Gobierno y a todo el planeta. Me cuido de que nadie me escuche, por supuesto.
Antes de poder darme cuenta, me encuentro sobre las ruinas de mi antigua casa. Paso la mano sobre la medio derruida barandilla, preguntándome si debo subir o no las inestables escaleras.
Nunca las he subido. Me da miedo lo que puedo encontrar ahí arriba, pero esta vez es diferente. Me siento capaz de hacerlo.
Y las subo.
Tambaleante, llego al piso superior, que sólo conserva las habitaciones de la derecha. Mi habitación y el baño de mis padres.
Entro. Mi cama, cubierta por una raída colcha azul, y varios peluches llenos de todo tipo de insectos, están desperdigados por el suelo. El olor a putrefacción hace que se me revuelva el estómago, pero sigo andando. Deslizo la mano sobre las paredes, cómodas y sillas que encuentro a mi paso. Hay unos dibujitos míos en uno de los cajones. Con los ojos llenos de lágrimas, los recojo. También me llevo las ceras de colores y las fotografías que se conservan casi intactas.
El cuarto de baño de mis padres es otra cosa. Hay varios agujeros en el suelo, a través de los que puedo ver la cocina, y secadores, botes de colonia y jabones desperdigados por todos lados. El espejo está completamente roto, y multitud de bichitos moran en la bañera.
Llorando a moco tendido, vuelvo a bajar, sin poder soportarlo más. Tropiezo en las escaleras y ruedo por ellas, pero me da igual. Sólo necesito alejarme, al menos lo suficiente para aclarar las ideas.
Todo fue demasiado injusto. Nadie merecía esto. Eran personas inocentes. Recuerdo que mi madre estaba embarazada. Oh, si hubiera llegado a tener un hermanito. El cuarto estaba preparado para él cuando todo ocurrió.
Un estruendoso estallido hace que me levante de un salto. La ciudad, situada a lo lejos, está más iluminada de lo normal, y me parece escuchar el sonido de metralletas y armas de fuego.
-Los Rebeldes-murmuro, y me giro de golpe al ver que se han disparado todas las alertas en el orfanato. Si no estoy allí a tiempo, me castigarán severamente.
Corro con todas mis fuerzas, y apenas me da tiempo a guardar mis cosas en el cajón cuando Elaine abre de golpe la puerta de mi habitación y me mira con serenidad.
-Al salón, señorita Lekker. Nos atacan los rebeldes. Lo más seguro es que el Gobierno los inmovilice rápidamente, pero debemos seguir el protocolo.
Asiento sin mediar palabra, sudorosa y ensuciada, y voy tras ella. En el fondo, disfruto. Sí, que los ataquen. Se lo merecen. Y ojalá que pierdan.
Una sonrisa siniestramente peligrosa se apodera de mi cara ante estos pensamientos, pero desaparece al escuchar la voz de Elaine.
-Y, Lekker...-añade sin darse la vuelta-nos aseguraremos de vallar la ventana de su habitación para evitar futuras escapadas nocturnas.

sábado, 26 de enero de 2013

Capítulo 5.

Me paso la introducción a la ceremonia agarrada con fuerza a los brazos de la silla. Él no parece reconocerme, seguramente porque no me vio. Eso me alivia. Hay algo en su postura recta y su espalda erguida que me inspira terror, e indica peligro.
Hago un recuento rápido de los chicos y chicas de la sala. Treinta chicas. Treinta y un chicos. No, eso no es posible. Eso significa que alguna chica no ha podido asistir, y, por lo tanto, el chico quedará desparejado. Un gran contratiempo.
La mujer que hasta entonces entonaba un discurso con voz chillona e irritante, deja de hablar para poder sacar una larga lista de nombres. Ahí se encontrarían las parejas.
Me estremezco cuando empieza a nombrar. Por un momento, me imagino de pie ahí, con un horrible vestido gris, unas ojeras impresionantes y sin lengua, porque me he resistido a la Operación. Mi pareja es un amargado cincuentón que parece ser un pervertido y la primera noche trata de darme hijos.
Suelto un gemido ahogado y me encojo en la silla. Nadie parece haberlo notado. Bueno, sí, el chico rubio que me parece tan misterioso. Siento su mirada clavada en mí, como si supiera todo lo que me pasa por la cabeza. Incómoda, miro hacia otro lado y fijo la vista en Noah.
La mujer se aclara la garganta y empieza a nombrar:
-Stephenie Wildwood y James Lennon.
La pareja dio un paso al frente y, tras reconocerse mutuamente, se sentaron juntos en un sillón de la sala.
-Alexandra Brown y Lennie Oldman.
Desconecto cuando veo que va para largo. Todas las parejas me parecen aburridas. El protocolo es muy monótono; no se dan besos ni abrazos. Tán solo se examinan con la mirada y se retiran.
Las filas se van deshaciendo cuando la lista va por la mitad. No puedo evitar fijarme en que el chico rubio no ha sido emparejado, y Noah tampoco. ¿Por qué será?
-Noah Carey y Jimmy Faithful.
Levanto la vista al escuchar el nombre de amiga y descubro con horror que su pareja es un cincuentón encorvado y con patas de gallo que la devora con la mirada en cuanto la ve. Me doy cuenta de que los ojos de Noah se llenan de lágrimas y le cuesta mucho contenerlas. Estoy tentada de levantarme a consolarla, pero me contengo y espero.
-Drake Hairgrove y Mary Anne Smith.
Silencio. El chico rubio da un paso al frente y espera su pareja, pero ésta no aparece. Así que él es el desparejado.
Su rostro permanece tranquilo, y no cambia ni un ápice.
-¿Mary Anne?-Llama la mujer.
No contesta nadie. Ella, encogiéndose de hombros, continúa emparejando.
Es extraño. Drake parecía esperarlo. Aunque parezca imposible, quiero investigar sobre esto. Acercarme a él. Conocerle más a fondo.
Quiero que sea mi pareja.


Noah me agarra la mano, clavándome las uñas. Hago una mueca de dolor mientras intento prestar atención a lo que me dice rápidamente al oído:
-No quiero que vengas. Jimmy tiene sus... propios planes. Antes que nada, quiero que sepas que la Operación no hace efecto hasta después de un día. Procuraré llamarte a menudo. Cuídate, Scarlett.
Antes de que pueda responder, el oficial del Gobierno me agarra el brazo, todavía con las marcas de las uñas de Noah, y me vuelve a montar en el aerodeslizador. No me da tiempo a resistirme.
Sentada en el mismo sillón de antes, trato de pensar en los últimos acontecimientos. Nada más salir de la Sala de Emparejamientos, Noah me llevó aparte. Jimmy no parecía muy de acuerdo, quería llevarla a su casa cuanto antes. Algo me dice que no va bien.
Me prometo investigarlo después de echar una cabezadita.

Capítulo 4.

Entro en el hospital unos minutos después de Noah. El olor a desinfectante y productos químicos hace que se me nuble la vista y me tenga que apoyar en la pared. La recepcionista no se digna a mirarme, de modo que me las arreglo como puedo para llegar a un sillón blanco.
Lo observo todo con atención, tratando de captar cada detalle; preparándome para cuando sea mi turno. Inconscientemente, busco salidas traseras, y calculo si las ventanas se romperían fácilmente.
Sacudo la cabeza. No. Me cogerían al instante, me calificarían de desorientada mental y me encerrarían. Y prefiero vivir como un androide a como un vagabundo.
Observo a la gente entrar. Una chica alta y temblorosa, acompañada por un agente, entra corriendo. La mayoría de las personas que pasan ante mí están emocionadas por su Operación y Emparejamiento.
Pasan las horas. Creo que doy un par de cabezadas para despejar la mente, ya que he vuelto a soñar lo mismo que la noche anterior. Bañada en sudor, abro los ojos. La recepcionista se yergue ante mí, con una aguja preparada en la mano. Asustada, me deslizo rápidamente hacia la izquierda y me lanzo al suelo. ¿Qué diablos pretende?
-¿Qué hace?-le espeto.
La recepcionista se encoge de hombros y se señala la boca. Debo de tener expresión de no estar entendiendo nada, porque la abre y veo que no tiene lengua. Enarco una ceja y asiento. Es un modo de castigo muy común. Las personas que se niegan a la Operación o han tenido relaciones sexuales o de otro tipo con algún hombre o mujer son castigados severamente. Les cortan la lengua, por ejemplo.
La mujer vuelve a su sitio tras el mostrador y repiquetea con los tacones sobre el pulido suelo. Cuando empiezo a ponerme nerviosa, Noah sale de la sala de operaciones con un precioso vestido verde mar y unos tacones de varios centímetros. Le han recogido el pelo en un moño alto y parece nerviosa, aunque su expresión no ha cambiado ni un ápice.
Me pongo en pie y me acerco a ella con preacaución.
-¿Qué tal?-le pregunto.
-Esto es genial, Scarlett-exclama Noah, sobresaltándome-Te tratan como una princesa. Lo malo es que la Operación no te hace efecto hasta pasadas veinticuatro horas. Me encanta esto. ¿Estoy guapa?
Noah da una vuelta y yo aplaudo son una gran sonrisa. Me alegra que esté feliz.
-Preciosa. Tu pareja será muy afortunada.-Y no era mentira.
Ella me da la mano y me guía hacia una sala contigua, donde el aerodeslizador de antes nos está esperando. Montamos en él por la misma escalerilla y nos acomodamos en unos sillones.
El viaje es muy corto. Creo que nos llevan en aerodeslizador por seguridad más que por comodidad, ya que podríamos ir andando. En el fondo, los entiendo. Últimamente, los rebeldes atacan a todo el que pueden. Especialmente a los que no están operados.
La Sala de Emparejamientos es un lugar muy amplio, con suelo de mármol y paredes tapizadas de terciopelo. En el fondo de la sala hay un escenario, y una plataforma con un micrófono, quesupongo que ocupará el encargado de emparejar. A la derecha están las chicas, todas con expresión serena y segura.
Le doy un apretón a Noah para infundirle seguridad y me dirijo a la esquina, donde hay una silla colocada para mí. Me siento y cruzo las piernas con discreción, tal como me indicó Noah.
Los chicos entran el fila, vestidos de esmoquin y con el pelo repeinado. Parecen igual de tranquilos y seguros que las chicas. Entre ellos me parece reconocer a dos o tres que iban conmigo a la escuela, antes de la Gran Guerra, pero que no recuerdo su nombre.
Mis ojos pasan de uno en uno, tratando de averiguar quién será mi pareja. Hay un par de cincuentones que espero que no me toquen.
Calculo las probabilidades de que me toque un pelirrojo muy atractivo o un moreno bastante tranquilo. Al menos, me entretengo con algo.
Pero dejo de bromear sobre mi futuro cuando veo al último de la fila. Un chico rubio platino y alto, de penetrantes ojos grises y complexión fuerte. No deseo que me emparejen con él.
Porque es el que vi anoche en el orfanato.

jueves, 24 de enero de 2013

Capítulo 3.

Noah me despierta lo que a mí me parecen unos minutos más tarde, aunque en realidad han pasado dos horas desde que me dormí. Cierro los ojos en cuanto los recuerdos de la noche anterior vuelven a agolparse en mi mente, y tengo que volver a autoconvencerme de que el chico fue un sueño. Es imposible que un chico entre aquí, está totalmente prohibido. A no ser que fuera un rebelde, lo que es impensable. Lo habrían descubierto.
Miro la mesita que hay a mi lado en busca de mi horario, que tengo que estampar en mi brazo para que se tatúe, pero no hay nada. Supongo que Noah habrá informado a todas de que iré con ella a su Emparejamiento.
Decido darme una ducha para aclarar las ideas y estar más o menos presentable. Mientras dejo que el agua tibia se deslice por mi cuerpo, pienso en los rebeldes. Podrían haber entrado perfectamente, todos saben que tienen un sistema de armas y demás objetos deespionaje que el Gobierno desconoce, y es incapaz de enfrentarse a ellas. Por lo que a mí me han contado, son hombres, en su mayoría, que viven en el bosque que rodea la ciudad y que no están de acuerdo con las normas impuestas por el Gobierno. Ninguno de ellos ha recibido la Operación ni acudió a su Emparejamiento, lo que se asume que es una vida salvaje y enferma a merced de sus sentimientos.
Noah vuelve a llamar con fuerza a la puerta.
-¡Ya voy, ya voy!-grito, frunciendo el ceño cuando el agua empieza a dejar de manar gradualmente. Oh, genial. Se ha acabado mi tiempo.
Salgo de la ducha y me envuelvo en una toalla de color gris. No tengo que pararme a pensar en qué ponerme, ya que mi armario está lleno de monos reglamentarios, como los de las demás. Y que vaya a asistir a un Emparejamiento no significa que hagan una excepción conmigo.
Dejo que mi pelo se seque al aire y abro la puerta para dirigirme a la habiación de Noah. La encuentro de pie ante un bonito espejo, retocándose el maquillaje. Su vestido y zapatos están preparados en una bolsa.
-No los verás hasta mi Emparejamiento-me advierte, con voz neutra-Elaine nos acompañará hasta la salida, donde un oficial del Gobierno nos recogerá.
Asiento distraídamente mientras observo la bolsa roja, que desentona con las paredes gris monótonas de nuestro cuarto. Los pisos superiores son los más descuidados, la entrada, el comedor y la sala de estar son los más cuidados y ostentosos, quieren dar buena imagen.
Noah se da la vuelta y vuelve a sonreír con esa horrible mueca suya. Le devuelvo la sonrisa y nos dirigimos a la salida. Las demás están asomadas a las puertas, aún en camisón, y puedo leer en sus ojos la envidia que les provocamos Noah y yo. Eso me hace sentir muy bien.
Elaine está ante la puerta con las manos tras la espalda y el pelo recogido en un apretadísimo moño del que no se le escapa ni un pelo. No puedo evitar compararla con una muñeca de porcelana.
El oficial nos espera fuera. Justo encima suya hay un aerodeslizador pequeño y discreto, que no puedo evitar mirar con ojos desorbitados. Los aerodeslizadores tienen precios exorbitantes, y sólo el Gobierno puede permitirse el comprarlos. Ahora podré alardear de haber montado en uno el resto de mi vida, si es que me acuerdo cuando me operen el cerebro.
Nos suben al aerodeslizador con una escalera que nos lanzan desde arriba. Noah y yo trepamos obedientemente, y yo me dejo caer en un lujoso sillón en cuanto llegamos arriba.
-En un mes es tu dieciocho cumpleaños-observa Noah, dándome un apretón amistoso en el hombro.
-Ya-respondo, haciendo una mueca. No me gusta que me lo recuerden-¿vendrás tú también a mi Emparejamiento?
-¿Lo dices en serio?-exclama, y asiento-¡Me encantaría! Seguro que tu pareja será guapísima, y os habrán asignado una casa enorme en el campo...
-...O lo que queda de él...
-...Y tendréis muchos hijos, que visitarán a los míos. ¡Será fantástico!
El aerodeslizador frena repentinamente, y el oficial nos apremia a bajar. Noah agarra la bolsa y se desliza por la escalera, seguida de cerca por mí.
La Gran Ciudad es impresionante. Pequeños coches eléctricos circulan por la calzada, y las personas, vestidas con extravagantes colores y llamativos tatuajes, caminan de la mano por las atiborradas aceras. Hay innumerables tiendas a ambos lados de la calle, y no puedo evitar mirar sus bonitos pero caros vestidos.
-Algún día tendrás uno, Scarlett-me digo-algún día.
Noah me guía con paso seguro a través de la multitud hasta un precioso edificio blanco que se erige en mitad de todos los demás. El hospital, donde le harán la Operación.
-Elaine me ha explicado todo lo que tengo que hacer-dice repentinamente, sin perder el gesto serio-de modo que sé lo que hago. Tú espérame fuera. La Operación es rápida y eficaz, así que saldré de la sala de operaciones en pocos minutos. Lo más complejo será vestirme y maquillarme, de lo que se encargan unas estilistas del Gobierno. Podrás entrar cuando la recepcionista te avise; le dejaré el mensaje. Cuando entres y estés a mi lado, pasaremos a la Sala de Emparejamientos. Una vez allí, te retirarás discretamente a un lado de la sala y observarás sin intervenir. Con un poco de suerte, nos acompañarás a mi pareja y a mí a nuestra nueva casa. Luego, podrás irte de vuelta a la institución.
Tomo nota mental de todo lo que me dice. Lo ha expresado de forma segura y de carrerilla, como si se lo hubiera estudiado. La Operación no la cambiará mucho.
Lo que más me molesta es tener que estar callada e invisible, como si no existiera. Pero debo acatar sus órdenes, o de lo contrario me expulsarán de la sala y no podré prepararme para mi propio Emparejamiento.
Será divertido.

miércoles, 23 de enero de 2013

Capítulo 2.

Tareas Domésticas es una clase en la que nos enseñan cómo fabricar pan artificial, hornearlo y otras tareas del hogar. No, nosotras no aprendemos a sumar, restar, multiplicar o dividir, no hacemos gimnasia ni nada que se le parezca. No era necesario para nuestro futuro como eternas amas de casa.
Repiqueteo con el lápiz sobre la mesa, sin prestar atención a la profesora Johannson y en una posición muy poco femenina. No hago caso de las miradas de desaprobación que me lanzan mis perfectas compañeras.
Miro mi antebrazo, donde está estampado mi horario. Ahora toca descanso. Genial, así Noah y yo podremos hablar. No tenemos muchas oportunidades, y ella se niega a contarme nada.
Doy un respingo cuando una sonora alarma indica el final de la clase, y todas se levantan a la misma vez, como si lo hubieran ensayado. De hecho, sospecho que así ha sido.
Me rezago un poco para agarrar a Noah cuando vaya a salir. Al parecer, ella ha tomado la misma decisión, de modo que, cuando estamos solas, me siento frente a ella, dispuesta a escucharla.
-Mañana cumplo dieciocho-comienza.
-Ah-respondo. No es algo que me guste felicitar. A los dieciocho años nos arrancan los sentimientos y emociones y nos obligan a casarnos con alguien a quien no conocemos. Celebrarlo sería estar loco, al menos desde mi punto de vista. Pero, como sé que espera una respuesta algo más alegre, añado- me alegro.
-Me gustaría que estuvieras presente en mi emparejamiento-confiesa, y me sorprendo. Nunca nadie había estado presente en un emparejamiento antes de tiempo. Pero se podía invitar a alguien si se quería. No era muy común.
Me muerdo el labio y la miro a los ojos. Su expresión permanece tranquila y muy serena. No cambiará después de la Operación, eso seguro. Pero, picada por la curiosidad, acepto. Será divertido, supongo.
Noah sonríe con ganas, un gesto que parece una mueca, y me da un abrazo. Es la primera vez que me da uno.
-Gracias, Scarlett. No sabes lo que significa para mí. Estoy realmente nerviosa. Tenerte cerca me ayudará. Y me encantaría presentarte a mi futuro marido. ¿Sabes qué? A lo mejor ves al tuyo en la ceremonia. Aunque, claro-ríe tontamente-tú no lo sabrás.
-Tienes razón. Será divertido. Y me encantará verte allí.
Noah vuelve a sonreír y comienza a hablarme de sus planes: su vestido, sus planes para dirigir la casa y la familia, el modo en el que amasará la harina, cómo llamará a sus hijos... Yo finjo prestarle atención mientras jugueteo con mi pelo. Será interesante ver a mi futura pareja sin saber quién será. ¿Será guapo? ¿Tendrá mi edad? No, seguro que no. Tendré suerte si es como mínimo seis años mayor que yo. La mayoría de las parejas son cincuentones que están desesperados.
Los hombres siempre asistían a la ceremonia, pero rara vez alguno se quedaba sin pareja. El Gobierno lo ha decidido así, son un poco machistas. Realmente nadie sabe la razón.



Me despierto a las tres de la madrugada, gritando y bañada en sudor. Llevo varias semanas con las mismas pesadillas. Camino sobre tierra árida, perseguida por millones de hombres del Gobierno, y, finalmente, caigo por un precipicio que aparece de repente, alcanzada por la bala de uno de los hombres.
Doy media vuelta en la cama y me froto los ojos, completamente desvelada. Mi primera idea es la de volver a las ruinas de mi casa, pero por la noche es peligroso. De todas formas, decido hacerlo.
Me calzo las zapatillas y salgo sigilosamente por la ventana. Aterrizo suavemente entre la hierba y sonrío al sentir su húmedo tacto entre las manos. Veo una luz a mi izquierda y me agazapo, dispuesta a esconderme. Pero lo que veo me hace huir de nuevo a mi habitación.
Un chico, de unos veinte años, merodea por los alrededores de la casa. No alcanzo a ver sus facciones, ya que trepo de nuevo y me dejo caer en la cama, autoconvenciéndome de que han sido imaginaciones mías.
Tardo tres horas en dormirme y, cuando lo hago, el alba despunta. 

martes, 22 de enero de 2013

Capítulo 1.



Me ajusto el mono mientras salto una de las múltiples vigas que están desperdigadas por el suelo de lo que antes era campo. Aunque la Gran Guerra fue hace diez años, el Gobierno ha sido demasiado vago o ha estado demasiado ocupado para reorganizar el país.
Sé que Elaine me estará buscando, pero no me importa. No me cae bien, rige el orfanato con mano de hierro y nos tiene prohibido casi todo. De todas formas, no puedo evitarlo. Aquí yacen las ruinas de mi antigua casa. Aún recuerdo cómo mi madre reaccionaba tarde ante las bombas de gas tóxico y apenas le dio tiempo a colocarme la máscara para protegerme. Ella se intoxicó y no pude hacer nada mientras veía cómo moría a mis pies. Mi padre estaba trabajando cuando todo ocurrió.
Ahora, el Gobierno ha establecido unas estrictas reglas para repoblar el país. Los hombres y las mujeres crecen y se educan por separado. Alcanzada la mayoría de edad (es decir, los 18 años) las mujeres son emparejadas con su hombre correspondiente. Está decidido desde el momento de nuestra inscripción en la Lista de Supervivientes de la Guerra. Lo tengo asumido desde hace mucho tiempo, pero aún me cuesta saber que no tendré libertad para elegir. Lo peor de todo es que, antes de casarnos, nos operan el cerebro. Nos privan de nuestros sentimientos y emociones, nos transforman en androides, de modo que no podamos rebelarnos contra el Gobierno ni sus planes, y aceptemos nuestro futuro.
Apoyo la frente sobre el desvencijado frigorífico que cuelga de la pared de mi antigua casa. Estoy rodeada de polvo, cenizas y huesos. Sé que la calavera que tengo a mi lado es de Henri, mi perro. Un Golden que no hacía daño a nadie. Todo esto es muy injusto.
Estrujo mi chaqueta de punto de color gris monótono cuando escucho los pasos de Elaine a mi espalda. No le hago caso. Nunca lo hago. De pequeña sí lo hacía, ella era como la madre que nunca tendría, y no había aceptado todavía lo que ocurrió. Pero ahora es diferente. Elaine es para mí una odiosa niñera que siempre trata de controlarme y me trata como a un bebé.
-Volvamos con las demás, señorita Lekker.
-No.
Casi puedo sentir cómo el tic nervioso que sufre cada vez que alguien le lleva la contraria le hace cerrar el ojo izquierdo.
-Señorita… Sabe que soy demasiado benevolente con usted. En cualquier otro centro interno le habrían castigado muy severamente. La necesitamos para el funcionamiento del país, a usted y a todas sus compañeras. Sin excepción. Creía que era usted consciente de lo que significa para nosotros su colaboración…
La miro, cansada.
-¿Cuántas veces te has estudiado el sermón, Elaine? El Gobierno te lo ha preparado muy bien.
Elaine enmudece y se lleva las manos a la sien, donde deben de haberle hecho la operación. Ella fue una de las primeras en recibirla, por lo que todavía es capaz de sentir compasión y un mínimo de dolor o arrepentimiento. Algo es algo.
-La espero en la explanada frente a nuestra institución en cinco minutos, Lekker.
Lekker. Siempre me llama así cuando se enfada. Sin el ‘’señorita’’.
Me doy cuenta de que es mejor seguirla sin rechistar, no quiero que se enfade. En el fondo, la aprecio. Aunque sólo un poco.
El ajustado mono de goma que nos obligan a llevar me facilita la tarea de saltar entre las vigas, siguiendo los apresurados y monótonos pasos de Elaine. Nunca me ha gustado la forma de andar de los operados, de modo que me esfuerzo en marcar mi propio ritmo. Un tropezón por aquí, un salto por allá, un golpe con algo.
A lo lejos diviso a mis compañeras. En fila, con la cabeza erguida y la vista al frente, tratando de imitar los gestos de Elaine. Despreciables, a mi parecer. Por eso no tengo amigas. Ni me esfuerzo en hacerlas. La única persona con la que tengo algo así como la confianza es Noah Harris, a la que conozco desde la infancia. Nuestros padres eran amigos. Ella llegó a nuestro orfanato tres meses después que yo. Somos distintas en todo: física e interiormente. Noah es bajita y más bien regordeta, con el pelo de un llamativo rojo fuego y piel bastante pálida; le entusiasma la idea de estar emparejada desde que terminó la guerra y espera con ansia el momento de su Operación. Yo, por el contrario, soy alta y espigada, con el pelo de un mediocre tono castaño, como el de las hojas de los árboles, y nunca he llamado la atención por ser especialmente pálida. Y, al contrario que ella, me repugna la idea de estar emparejada desde los siete años y desprecio la Operación.
Este es el protocolo que seguimos cada vez que alguien no está. Salimos todas afuera y se trata de buscar a la desaparecida, que siempre resulto ser yo. La imperfecta, la desobediente, la maleducada, la anclada en su pasado. La que todas miran con desprecio y la que las profesoras siempre tratan de corregir. Pero no me cambiarán. Scarlett Lekker será siempre Scarlett Lekker.
Elaine inicia la marcha de vuelta al orfanato. La directora y todo el profesorado nos esperan en la entrada, y comienzan a entrar en cuando las alumnas pisamos la línea que separa el exterior del interior de la lujosa instalación, que siempre me ha fascinado con sus altas paredes de mármol, las recias columnas y el precioso suelo de madera de roble.
Noah hace un gesto con la cabeza que indica que quiere hablar conmigo, y yo asiento. Hablaremos después de las clases de Tareas Domésticas.