miércoles, 6 de febrero de 2013

Capítulo 11.

Drake es insoportablemente atento. Después de que en oficial que nos enseñó nuestra bonita casita a las afueras de la ciudad, nos diera las instrucciones necesarias para vivir, nos entregara varias hojas de folios con nuestra información para conocernos mejor e instalara unas pequeñas y discretas cámaras se fuera, mi pareja comenzó a cuidarme como si yo fuera un polluelo recién salido del huevo. Me prepara muchísima comida (tanta que me dejo más de la mitad) se ofrece a arreglar nuestro cuarto y me prepara la bañera.
Pero no hablamos. Ambos, conscientes de que nos vigilan, no dejamos de lanzar miradas furtivas a las cámaras y a sonreír como si no pasara nada. Durante todo el día pienso en cómo conseguiré sacarle la información. Tengo que hacerlo con tono casual y desinteresado, de modo que ni él ni el Gobierno sospeche lo que en realidad quiero.
Me hundo en la bañera tanto que el agua me llega hasta la neriz y cierro los ojos. Todavía no me acostumbro a esta vida. Ahora que soy libre y no me obligan a hacer nada, tengo que organizar mi tiempo y cuidar de mi pareja a la vez, engordar, cuidarme. Y, lo más importante de todo: fingir que estoy realmente Operada.
Drake llama con timidez a la puerta y yo susurro un ''adelante'' que debe de haber oído, porque lo hace.
-Te traigo las toallas. Recién limpias.
-Muchas gracias, en serio. Nunca nadie me ha cuidado así. Pero mañana tengo que poner en práctica lo que he aprendido todos estos años. Tú no podrás hacerlo todo.
Drake se acerca más y me acaricia el pelo con lentitud. Trato de no moverme, a pesar de que mi corazón se ha acelerado. Reúno más burbujas a mi alrededor.
-¿Sabes?-murmura, bajando la voz-Deberíamos fingir que nos queremos. No estoy muy cómo así. Estás fría y distante. No muy feliz. Mañana, la Operación nos hará efecto y no podremos sentir nada, pero sí recordaremos esto. Si tú no quieres hijos, no tendremos. Me adaptaré a tus necesidades.
Asimilo todo lo que me acaba de decir. Aún creo que es un sueño. Quiere que finjamos que nos amamos, aunque seamos unos completos desconocidos y no sintamos nada el uno por el otro. Quiere que sea feliz, y no busca la satisfacción personal.
Eso me chafa. Así hace que sea más difícil el tratar de manipularlo, y sacarle información. Conseguirá hacerme sentir culpable, y eso no me conviene, por supuesto que no. Lo más seguro será herirle para que abandone sus buenas intenciones. Haré que me es indiferene todo lo relacionado con él.
Me encojo de hombros y le pido por favor que se vaya, pero sin alterar el tono de voz pausado. Percibo cómo su rostro se entristece y se marcha arrastrando los pies sin hacer comentarios. Es demasiado bueno para mí.
Suspirando, salgo de la bañera y me miro en el bonito espejo de pie que hay en un lado de nuestro estrecho cuarto de baño. Aterrorizada, doy un paso atrás: los huesos de las costillas se me marcan como si no hubiera músculo encima y apenas se me notan los muslos. Esto es lo que Drake ve, y no ha huido aterrorizado. Eso me consuela, pero a la vez me alienta. Si quiero conseguir escapar y conseguir sobrevivir ahí fuera, necesito estar sana y fuerte.
Salgo del baño tapada únicamente por la toalla y me dirijo al frigorífico que hay en la cocina, que tanto me recuerda al mío. Lo abro con ansiedad y como todo lo que me encuentro: queso, zanahorias, pan artificial.
Cuando Drake me ve asaltando la cocina, sonríe y comenta:
-Sabía que acabarías sucumbiendo a los encantos de la comida, Scarlett. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario