El trabajo de mis estilistas es impresionante. Consiguen transformar mi apelmazado pelo en una bonitas trenza, hacen desaparecer mis ojeras y transforman mis labios en unos muy deseables.
Con mi cuerpo no tienen tanta suerte; estoy casi anoréxica por no haber querido probar bocado en varias semanas. Tienen que hacer grandes esfuerzos para ceñirme mi precioso vestido gris perla a la cintura, y apenas puedo sostenerme sobre mis tacones. Le echo la culpa de todo a la fallida Operación, al orfanato y a los médicos, pero sé que en realidad el problema es mío. Tengo la mente embotada por la morflina, y no contribuyo a mejorarlo. También es culpa mía por haberme negado a comer en semanas, como pobre signo de rebelión. Y más me valdría no haberlo hecho, pues me está pasando factura.
Las estilistas deben de notar que estoy muy nerviosa, porque tratan de animarme:
-Seguro que tu pareja es muy guapa-aseguran-tú solo trata de caminar con la cabeza alta y un pie delante de otro-afirma una de ellas, y me enseña sobre sus tacones de plataforma. Su estilo es raro, va vestida completamente de negro y un montón de piercings adornan su cara.
Gruño por toda respuesta y me miro al espejo. Puede que vean a una chica indefensa y raquítica que necesita ser defendida, pero no. Porque pienso rebelarme.
Un oficial me deja pasar a la Sala de Emparejamientos, y yo trato de mantener la compostura, dado que me están vigilando, y me coloco junto a las demás. Comparada con ellas, soy como un ratón.
Busco a Drake con ansiedad. Sí, allí está. Arreglado, como todos. Se gira a observarme con su característica mirada penetrante, como si supiera lo que hice. Y eso me inquieta de sobremanera. Cierro los ojos y suspiro con fuerza, tratando de serenarme. No puede saberlo.
Desconecto cuando la misma mujer chillona de la otra vez comienza su aburrido discurso, y me dedico a observar a las demás con la cabeza ligeramente inclinada. Todas tienen un aspecto estupendo, con sus vestidos de bonitos colores. Azul eléctrico, verde lima, rojo sangre. Una lleva uno de color naranja pálido muy feo, alguien debería haberle avisado. Pero es más bonito que el mío. Es bonito y ornamentado, sí; pero el color es muy feo. No encaja con mi personalidad.
-¡Que comience el Emparejamiento, pues!-exclama la mujer, sacando la lista.
Presto atención al instante, retorciéndome las manos con nerviosismo. Empiezo a dudar. ¿Y si no ha cambiado nada? ¿Y si hice el cambio mal, o, peor aún; lo soñé? Pero no. Sacudo la cabeza, tratando de sonreír. Me estoy volviendo paranoica.
Sorprendentemente, comienza por mi nombre.
-Scarlett Lekker y... oh, parece que ha habido un cambio. Drake Hairgrove. Esta vez no has perdido a tu pareja-ríe, pero nadie la imita. Bajando la vista, espera a que demos un paso al frente.
Me retiro el pelo de la frente y avanzo, tropezando con mis propios pies, pero tratando de mantener expresión neutral, como las demás. Como si estuviera Operada.
Drake me imita con expresión indiferente y nos miramos a la cara con intensidad, reconociéndonos mutuamente. Sus ojos parecen haber cambiado de color. Ahora son... verde mar.
Me preocupo cuando frunce el ceño al ver mi aspecto. Seguro que piensa que estoy horrible, y planea la forma de deshacerse de mí cuanto antes. Total, no lo sentiría. Pero no. Finalmente, parece dar el visto bueno, y me acompaña con él hasta una de las mesas. Me siento con lentitud y cruzo las manos sobre el regazo, esperando mi turno con paciencia.
La mujer termina con un carraspeo y yo me despierto, sobresaltada y avergonzada. Me he quedado dormida, pero ha sido agradable. No he tenido pesadillas.
Drake se pone en pie y me ayuda a levantarme a mí también. Su mirada me pone nerviosa. Pero tendré que acostumbrarme a ella si quiero sonsacarle algo.
-Y, parejas...-anuncia la mujer con voz pausada-mañana irá un oficial a sellar vuestro matrimonio y a ayudaros a conoceros mejor. Que paséis una buena noche.
Todas nos despedimos con una educada reverencia (en la que me tropiezo) y un ''adiós, señorita'' (en el que llego tarde.)
-Qué emoción, ¿eh?-murmura Drake, divertido.
-Y que lo digas. Lo estoy deseando, Hairgrove.
No hay comentarios:
Publicar un comentario