La expresión de Drake cambió unas tres veces en dos segundos. Finalmente, me cogió de la mano y me llevó a un claro del bosque envuelta en una manta para hacerlo más ameno.
Ahora estamos sentados en mitad de un campo florido, yo con la manta sobre mis hombros y él mordisqueándose las uñas distraídamente, pensando en cómo empezar.
-Supongo que ya sabes que los Rebeldes son una comunidad que está en contra del Gobierno. No están Operados, y eligen libremente cuándo perder la virginidad, casarse y todo eso. Viven alrededor de la ciudad y atacan de vez en cuando. No tienen ningún objetivo, sólo conseguir derrocar al Gobierno.
Asiento, intrigada. Hasta ahora nunca había hablado seriamente con alguien sobre este tema. Nadie quiere hablar de eso. Los Rebeldes son un tema vedado para la mayoría de los ciudadanos.
-Hasta ahí, lo sé.
Drake mira a su alrededor, nervioso.
-Dicen que son salvajes. Pues bien, se equivocan. Son personas civilizadas, más civilizadas aún que nosotros mismos. Aunque vivan bajo tierra, cada día más gente conoce el lugar y deciden unirse a ellos. Por eso también cambian la ubicación de la comunidad constantemente- el tono de voz de Drake se hace más apasionado, y los ojos le brillan- Tienen armas. Muchas armas. También infiltrados en el propio Gobierno. Nos...Les envían a los Emparejamientos para conseguir a más reclutas. Se harán con el control, Scarlett. Lo harán.
Le miro, casi con miedo. Me arrebujo más en mi manta y noto que me empieza a temblar el labio. Su forma de hablar sobre los Rebeldes... Como si él fuera uno de ellos. Ese tono tan apasionado. Y me acaba de proporcionar información que nadie más sabe.
-Tú... ¿quieres unirte a ellos?
Drake niega y me aprieta la mano con fuerza.
-No. Pero tú serías una gran rebelde. Sé que te has resistido a la Operación. Lo noto en tu mirada, em tu forma de actuar. No eres una androide. Eres humana.
A mí no se me ocurre otra cosa que pensar que Drake es el chico al que mi madre no habría querido en casa ni habría visto adecuado para mí. Su apariencia es sospechosa, pero tiene un aura atrayente. Consigue lo que quiere siempre, de eso estoy segura. Y se entera de todo.
Le miro de arriba a abajo. Él tampoco parece estar Operado.
-Has acertado, Drake-. Me levanto con las piernas temblorosas- Y tú tampoco lo estás. Lo llevo pensando varios días. Tu constitución, tu forma de actuar... eres un rebelde, ¿no es así? Uno novato. Impaciente. Pero entrenado.
Drake se sonroja y asiente. Yo estoy demasiado ocupada pensando en cómo lo he adivinado todo para darme cuenta de que estoy ante un terrorista que planea la destrucción del país. Y mi madre no estaría orgullosa.
-Eres lista, Scarlett. Sí, soy un rebelde demasiado entusiasta e impaciente que no ha podido aguantarse para decírtelo. Tú serías mejor que yo. ¿Aceptas?-Me tiende la mano y me mira con ojos esperanzados.
¿Y qué hago yo? Echo a correr. Lejos, lo más lejos que puedo. Tropezando, apartando ramas, sintiendo los picotazos de los bichos en los brazos. Apenas me doy cuenta de que la manta se me cae y pierdo un zapato por el camino hasta que llego a una ciénaga y me hundo hasta las rodillas. Lucho durante unos minutos hasta que me doy cuenta de que conforme más me muevo, más me hundo.
Estoy metida hasta la cintura cuando siento algo desliza entre mis piernas. Busco un palo para impulsarme, pero no veo ninguno. Escucho a Drake llamarme a lo lejos, pero estoy repentinamente enfadada y no quiero saber nada de él. Quiero apañármelas yo sola.
-Genial-bufo, exasperada. Me hundo hasta la nariz y despego los pies del barro, haciendo un ruido como de ventosa, y nado por el barro, esquivando a los bichos. Consigo llegar a la orilla y me quedo allí, cubierta de barro, y con una rama enrollada en el tobillo.
No, una rama no... es una boa.
Rebelión.
Escribir. Para ti, una palabra. Para mí, un sueño, una vida. Por eso escribo, para poder desahogarme, y para poder complacer y entretener a los demás con mis novelas. Así que, ¡adelante! Podéis empezar a leer. No os hago perder más tiempo. :)
lunes, 22 de abril de 2013
miércoles, 10 de abril de 2013
Capítulo 14.
A última hora de la tarde, Noah y Jimmy se van. Me despido de ellos con un beso y les digo que pueden volver cuando les plazca, poniendo especial énfasis al decírselo a Noah, y Drake me respalda, percibiendo mi preocupación. En cuanto desaparecen por la puerta, Drake, apurado, se dirige a la habitación con rapidez, y le dejo ir. La verdad es que, después de después de la conmoción que me ha causado ver a Noah así, quiero estar sola, sin pensar en nada, simplemente sentada en el sofá leyendo un libro o algo.
Pero mis pensamientos no están de acuerdo. Me asaltan diversas imágenes sobre cómo habría podido ser mi futuro marido si no hubiera trucado el ordenador, si hubiera dejado que el chico de nariz aguileña hubiera sido emparejado conmigo. Al mismo tiempo, me siento culpable por no haber cambiado la pareja de Noah antes de su Emparejamiento. Es verdad que nunca hubo mucha confianza entre nosotras, pero había algo que nos unía: nuestro pasado. Y yo había roto esa bonita unicón dejándola ir con Jimmy.
Me estampo un cojín en la cara, desolada, y me echo a llorar en silencio, olvidando por un momento que estoy Operada y lo visto esta tarde no debería afectarme.
En cambio, el Gobierno no lo deja pasar tan fácilmente. Casi a los dos minutos, un grupo de agentes llama a la puerta con fuerza y corro a abrir. Lo empiezo a ver todo borroso y me tengo que apoyar en el quicio de la puerta, jadeando. Me mantengo consciente el tiempo suficiente para ver que un agente me estampa en la mano un sello en el que pone: ''DESEMPAREJADA''.
Despierto sobresaltada y bañada en sudor. ¿Ha sido sólo un sueño? Sería un alivio.
-¿D...Drake?-trato de imprimirle seguridad a mi voz- ¿Puedes venir, por favor? No me encuentro demasiado bien.
Lo espero con las piernas cruzadas y una manta echada sobre ellas, con la expresión más neutral posile.
-Dime, Scarlett-. Drake se sienta a mi lado y me mira con el ceño ligeramente fruncido.
-¿He hecho algo raro cuando Noah se ha ido?
-Te has deshecho de ellos como quien no quiere la cosa, te has acercado renqueando al sofá y te has dormido unos treinta minutos.
Imposible.
-No puede ser cierto-replico con suavidad- Ellos se fueron por su propio pie. Y yo no me he... ¿no han venido unos oficiales y...?-me miro la mano, esperando ver el sello, pero no hay nada-. Olvídalo, no es nada. Gracias, Drake.
-¿De verdad te encuentras bien?
Niego con la cabeza y le pido que se marche para terminar de dar forma a la idea que tengo en la cabeza. Un pinchazo insistente ha empezado a latir en mis sienes, y tengo que entornar los párpados para concentrarme. Me llevo la mano al escote y saco un papel muy arrugado, con grandes manchas de tinta. Mi lista de cosas que hacer.
1. Conseguir queel chico rubio Drake sea mi pareja.
2. Librarme de algún modo de la Operación.
3. Conservar mi lengua y demás extremidades intactas.
4. Colarme en el despacho de la directora.
5. Cambiar mi pareja.
6. Casarme.
7. HUIR.
Garabateo un ''hecho'' desde el número uno al seis, y hago una gran interrogación en el siete, sin descartar la opción todavía. Mordisqueo el lápiz y apunto el número ocho:
8. Sobervivir.
Arrugo la nota y la vuelvo a guardar en su sitio. Me reclino sobre el sofá y sigo mordisqueando el lápiz hasta que se astilla. ¿Cómo sé que Drake se trae algo entre manos? Es solo una sospecha. ¿Y si mis paranoias han llegado tan lejos que todo el mundo me parece sospechoso? No. Imposible.
Me masajeo las sienes para atenuar los pinchazos y suspiro. Ha sido la Operación. Tiene efectos secundarios en mí. Me hace actuar en contra de mi voluntad; me hace ver cosas que no son.
Me planteo la idea de que a lo mejor los médicos lo han hecho intencionadamente para que no cometa ninguna locura mientras no esté Operada. Otra cosa de lo que tengo que librarme cuando vaya a huir.
-Drake, cariño...-le llamo con voz cantarina-. Háblame de los Rebeldes.
Pero mis pensamientos no están de acuerdo. Me asaltan diversas imágenes sobre cómo habría podido ser mi futuro marido si no hubiera trucado el ordenador, si hubiera dejado que el chico de nariz aguileña hubiera sido emparejado conmigo. Al mismo tiempo, me siento culpable por no haber cambiado la pareja de Noah antes de su Emparejamiento. Es verdad que nunca hubo mucha confianza entre nosotras, pero había algo que nos unía: nuestro pasado. Y yo había roto esa bonita unicón dejándola ir con Jimmy.
Me estampo un cojín en la cara, desolada, y me echo a llorar en silencio, olvidando por un momento que estoy Operada y lo visto esta tarde no debería afectarme.
En cambio, el Gobierno no lo deja pasar tan fácilmente. Casi a los dos minutos, un grupo de agentes llama a la puerta con fuerza y corro a abrir. Lo empiezo a ver todo borroso y me tengo que apoyar en el quicio de la puerta, jadeando. Me mantengo consciente el tiempo suficiente para ver que un agente me estampa en la mano un sello en el que pone: ''DESEMPAREJADA''.
Despierto sobresaltada y bañada en sudor. ¿Ha sido sólo un sueño? Sería un alivio.
-¿D...Drake?-trato de imprimirle seguridad a mi voz- ¿Puedes venir, por favor? No me encuentro demasiado bien.
Lo espero con las piernas cruzadas y una manta echada sobre ellas, con la expresión más neutral posile.
-Dime, Scarlett-. Drake se sienta a mi lado y me mira con el ceño ligeramente fruncido.
-¿He hecho algo raro cuando Noah se ha ido?
-Te has deshecho de ellos como quien no quiere la cosa, te has acercado renqueando al sofá y te has dormido unos treinta minutos.
Imposible.
-No puede ser cierto-replico con suavidad- Ellos se fueron por su propio pie. Y yo no me he... ¿no han venido unos oficiales y...?-me miro la mano, esperando ver el sello, pero no hay nada-. Olvídalo, no es nada. Gracias, Drake.
-¿De verdad te encuentras bien?
Niego con la cabeza y le pido que se marche para terminar de dar forma a la idea que tengo en la cabeza. Un pinchazo insistente ha empezado a latir en mis sienes, y tengo que entornar los párpados para concentrarme. Me llevo la mano al escote y saco un papel muy arrugado, con grandes manchas de tinta. Mi lista de cosas que hacer.
1. Conseguir que
2. Librarme de algún modo de la Operación.
3. Conservar mi lengua y demás extremidades intactas.
4. Colarme en el despacho de la directora.
5. Cambiar mi pareja.
6. Casarme.
7. HUIR.
Garabateo un ''hecho'' desde el número uno al seis, y hago una gran interrogación en el siete, sin descartar la opción todavía. Mordisqueo el lápiz y apunto el número ocho:
8. Sobervivir.
Arrugo la nota y la vuelvo a guardar en su sitio. Me reclino sobre el sofá y sigo mordisqueando el lápiz hasta que se astilla. ¿Cómo sé que Drake se trae algo entre manos? Es solo una sospecha. ¿Y si mis paranoias han llegado tan lejos que todo el mundo me parece sospechoso? No. Imposible.
Me masajeo las sienes para atenuar los pinchazos y suspiro. Ha sido la Operación. Tiene efectos secundarios en mí. Me hace actuar en contra de mi voluntad; me hace ver cosas que no son.
Me planteo la idea de que a lo mejor los médicos lo han hecho intencionadamente para que no cometa ninguna locura mientras no esté Operada. Otra cosa de lo que tengo que librarme cuando vaya a huir.
-Drake, cariño...-le llamo con voz cantarina-. Háblame de los Rebeldes.
viernes, 15 de febrero de 2013
Capítulo 13.
De nuevo bajo las sábanas, Drake me abraza con fuerza y me acuna hasta que me duermo, tranquilizándome. Durante unos segundos, me debato, molesta, pero finalmente dejo que lo haga. Quién sabe si mañana dejaré que me abrace.
Me despierto sin haber soñado nada más. Tengo la vista borrosa por los efectos de la fallida Operación. Me doy cuenta de que no tengo ganas de sonreír y que no estoy tan angustiada por lo de Noah. De algún modo, me ha comenzado a hacer efecto.
Angustiada, me levanto de la cama y decido prepararme el desayuno. Drake se ha ido; dejándome a mí las tareas de la casa. Recojo sus platos sucios con rapidez y abro el frigorífico en busca de algo apetecible. Cojo una manzana y la mordisqueo sin ganas, observándolo todo a mi alrededor. El teléfono sigue descolgado, y me doy cuenta de que hay más cámaras que la última vez. Las miro fijamente, pensando en lo que haría con ellas. Seguro que me arrestan si me atrevo a tocarlas.
Durante el resto de la mañana, me dedico a fregar la casa y a inspeccionar los armarios y demás lugares inexplorados.
Es mediodía cuando llaman a la puerta. Intrigada, me pregunto quien será. Imagino que Drake, pero no debería volver hasta dentro de dos horas. Temerosa de lo que me puedo encontrar afuera, abro. Y mi sorpresa es mayúscula cuando veo a Noah en la puerta.
Una Noah pálida, demacrada, con bolsas, la barriga bastante hinchada y los labios cortados. Me obligo a no mostrar ninguna expresión cuando los dejo entrar a ella y a su marido, el rechoncho cincuentón avaricioso. Jimmy me besa la mano y yo, asqueada, trato de apartarla lo antes posible.
-Noah-digo a media voz, y la abrazo. Ella me aprieta contra sí y se dirige a un sillón. Trato de hacer caso omiso de la mirada de Jimmy, que recorre mi cuerpo de arriba a abajo. Trago saliva, deseando que Drake llegue cuanto antes.
Pienso en el pasado, cuando te casabas por amor y no por obligación. Qué feliz hubiera sido viviendo como mis padres. Ella era alta, guapa y alegre, y se llamaba Jannet. Él era más alto que ella, algo más serio pero igual de cariñoso, y se llamaba Michael. Ambos me contaban bonitas historias sobre su infancia, sus amigos y sobre los planes que hacían para su futuro. Se besaban con ternura, reían juntos, bailaban junto a sus amigos... Ahora, en cambio, no podré hacer nada de eso. A mis hijos les contaré cómo me criaron en un orfanato y cómo pasé la primera noche con Drake. Nada más.
-Scarlett-me llama Noah con voz ronca.
Interrumpiendo mis pensamientos, me deslizo por el suelo sobre los calcetines de mi pijama y me dirijo hacia ella.
-¿Qué pasa, Noah? ¿Puedo hacer algo por ti?
-¿Quién es tu pareja?
Mi corazón frena en seco. No puedo decirle que cambié los datos del ordenador para casarme con Drake, y contarle que me escapaba por las noches para visitar mi casa a escondidas, y en uno de esos momentos le vi. No delante de las cámaras.
El sonido del timbre me saca de mi ensimismamiento y corro a abrir la puerta. Esta vez sí que es Drake.
-Hola-digo, y me aparto para dejarle pasar.
-Buenas tardes. Traigo comida para que cocines-responde.
Hago las correspondientes presentaciones e invito a todos a un té. Jimmy no deja de recorrer mis piernas con la mirada y eso me incomoda, de modo que me concentro a fondo en la conversación que se desarrolla entre Noah y Drake:
-¿Así que estás embarazada?
-Sí. Se llamará Adam-sonríe Noah-Pero, ¿por qué Scarlett me colgó ayer? También me pareció oírte a ti. Pareces más mayor por teléfono.
-Scarlett se levantó sonámbula-explica Drake, y asiento para confirmarlo-se asustó con la llamada y te contestó con incoherencias.
¿Por qué mentía por mí? No tiene por qué hacerlo. Apenas me conoce, ni siquiera nos hemos besado o intercambiado más de diez palabras seguidas. Me prometo preguntárselo más tarde, lejos de las cámaras.
-Comprendo-dice Noah. Las manos le tiemblan cuando coge la taza de té-Tenéis una casa muy bonita. Preciosa. Nosotros vivimos en los suburbios, en una chabola pequeña pero acogedora.
Oh, la buena de Noah. Durante un instante me siento tentada de ofrecerle cobijo aquí para que viva en paz lejos de su marido, pero eso me acarrearía muchas preguntas.
Drake y yo tuvimos suerte de que se nos asignara esta casa. Siempre depende de tus parientes. Mis padres eran unas de las personas más ricas de la zona, de modo que mi casa tiene que ser lujosa. Los padres de Noah tampoco estaban mal, pero por alguna razón le han dado una casa peor. Esto es cada vez más injusto.
Me doy cuenta de que, con cada minuto que pasa, odio más al Gobierno.
Me despierto sin haber soñado nada más. Tengo la vista borrosa por los efectos de la fallida Operación. Me doy cuenta de que no tengo ganas de sonreír y que no estoy tan angustiada por lo de Noah. De algún modo, me ha comenzado a hacer efecto.
Angustiada, me levanto de la cama y decido prepararme el desayuno. Drake se ha ido; dejándome a mí las tareas de la casa. Recojo sus platos sucios con rapidez y abro el frigorífico en busca de algo apetecible. Cojo una manzana y la mordisqueo sin ganas, observándolo todo a mi alrededor. El teléfono sigue descolgado, y me doy cuenta de que hay más cámaras que la última vez. Las miro fijamente, pensando en lo que haría con ellas. Seguro que me arrestan si me atrevo a tocarlas.
Durante el resto de la mañana, me dedico a fregar la casa y a inspeccionar los armarios y demás lugares inexplorados.
Es mediodía cuando llaman a la puerta. Intrigada, me pregunto quien será. Imagino que Drake, pero no debería volver hasta dentro de dos horas. Temerosa de lo que me puedo encontrar afuera, abro. Y mi sorpresa es mayúscula cuando veo a Noah en la puerta.
Una Noah pálida, demacrada, con bolsas, la barriga bastante hinchada y los labios cortados. Me obligo a no mostrar ninguna expresión cuando los dejo entrar a ella y a su marido, el rechoncho cincuentón avaricioso. Jimmy me besa la mano y yo, asqueada, trato de apartarla lo antes posible.
-Noah-digo a media voz, y la abrazo. Ella me aprieta contra sí y se dirige a un sillón. Trato de hacer caso omiso de la mirada de Jimmy, que recorre mi cuerpo de arriba a abajo. Trago saliva, deseando que Drake llegue cuanto antes.
Pienso en el pasado, cuando te casabas por amor y no por obligación. Qué feliz hubiera sido viviendo como mis padres. Ella era alta, guapa y alegre, y se llamaba Jannet. Él era más alto que ella, algo más serio pero igual de cariñoso, y se llamaba Michael. Ambos me contaban bonitas historias sobre su infancia, sus amigos y sobre los planes que hacían para su futuro. Se besaban con ternura, reían juntos, bailaban junto a sus amigos... Ahora, en cambio, no podré hacer nada de eso. A mis hijos les contaré cómo me criaron en un orfanato y cómo pasé la primera noche con Drake. Nada más.
-Scarlett-me llama Noah con voz ronca.
Interrumpiendo mis pensamientos, me deslizo por el suelo sobre los calcetines de mi pijama y me dirijo hacia ella.
-¿Qué pasa, Noah? ¿Puedo hacer algo por ti?
-¿Quién es tu pareja?
Mi corazón frena en seco. No puedo decirle que cambié los datos del ordenador para casarme con Drake, y contarle que me escapaba por las noches para visitar mi casa a escondidas, y en uno de esos momentos le vi. No delante de las cámaras.
El sonido del timbre me saca de mi ensimismamiento y corro a abrir la puerta. Esta vez sí que es Drake.
-Hola-digo, y me aparto para dejarle pasar.
-Buenas tardes. Traigo comida para que cocines-responde.
Hago las correspondientes presentaciones e invito a todos a un té. Jimmy no deja de recorrer mis piernas con la mirada y eso me incomoda, de modo que me concentro a fondo en la conversación que se desarrolla entre Noah y Drake:
-¿Así que estás embarazada?
-Sí. Se llamará Adam-sonríe Noah-Pero, ¿por qué Scarlett me colgó ayer? También me pareció oírte a ti. Pareces más mayor por teléfono.
-Scarlett se levantó sonámbula-explica Drake, y asiento para confirmarlo-se asustó con la llamada y te contestó con incoherencias.
¿Por qué mentía por mí? No tiene por qué hacerlo. Apenas me conoce, ni siquiera nos hemos besado o intercambiado más de diez palabras seguidas. Me prometo preguntárselo más tarde, lejos de las cámaras.
-Comprendo-dice Noah. Las manos le tiemblan cuando coge la taza de té-Tenéis una casa muy bonita. Preciosa. Nosotros vivimos en los suburbios, en una chabola pequeña pero acogedora.
Oh, la buena de Noah. Durante un instante me siento tentada de ofrecerle cobijo aquí para que viva en paz lejos de su marido, pero eso me acarrearía muchas preguntas.
Drake y yo tuvimos suerte de que se nos asignara esta casa. Siempre depende de tus parientes. Mis padres eran unas de las personas más ricas de la zona, de modo que mi casa tiene que ser lujosa. Los padres de Noah tampoco estaban mal, pero por alguna razón le han dado una casa peor. Esto es cada vez más injusto.
Me doy cuenta de que, con cada minuto que pasa, odio más al Gobierno.
jueves, 7 de febrero de 2013
Capítulo 12.
Decido que ya no puedo comer más cuando es casi la hora de dormir. Drake, que por lo visto ha inspeccionado a fondo la casa, me lleva a través de un largo y bonito pasillo a nuestra habitación.
-Lamento que no sean camas separadas, sé que las habrías preferido así...-se disculpa.
Pero estoy demasiado cansada para oponerme.
-No hay problema. Puedo dormir en cualquier parte.
Entro al baño para ponerme el pijama y Drake lo hace en el cuarto. Es un camisón de lana muy calentito y suave, perfecto para el invierno. Y muy bonito. Dentro de él encuentro unos calcetines que me llegan hasta las rodillas hechos del mismo material. En mi vida he tenido algo así, y me encanta. Sonrío, acariciando la suave lana, y me lo pongo.
Drake está sentado en la cama, revolviéndose el pelo y examinando las hojas de papel que el oficial nos dio. Me siento a su lado, inclinándome para ver mejor, pero él las aparta al instante y me ayuda a meterme entre las calentitas sábanas. Me acurruco bajo ellas y cierro los ojos, sintiendo el calor de mi nueva pareja tras de mí. ¿Le abrazo o no? Me muero de frío, pero no quiero cogerle cariño. Decido no hacerlo.
Vuelvo a tener pesadillas. Los agentes me persiguen, corro a través del campo, fuera de la ciudad y...Drake está a mi lado.
Me despierto bañada en sudor y con la almohada llena de lágrimas. Tragando saliva, obervo a Drake con atención, tratando de averiguar por qué apareció en mi sueño. Como no se me ocurre nada, decido salir a dar un paseo para despejarme, ya que estoy totalmente desvelada.
Camino con lentitud a través de la casa. Cada habitación tiene un estilo diferente; unas son muy modernas, con toda la alta tecnología descubierta hasta ahora, otras son más antiguas, decoradas casi como mi antigua casa. El suelo es de madera y cruje al pasar, tanto que temo que Drake se despierte.
Llego a la puerta de entrada y la abro despacio. Afuera, todo está tranquilo: el viento no mueve los árboles del bosquecillo en crecimiento que hay frente a nuestra casa y no se oye ningún ruido. Se ve el límite de la ciudad, una gran barrera de ladrillo y una cerca electrificada sobre ella. Hay dispuestas varias torres, de modo que formen un cuadrado, y debe de haber cientos de agentes por allí. Sobre todo ahora, que los ataques rebeldes son cada vez más frecuentes.
Me siento en el porche y cruzo las piernas, cavilando. ¿Cómo sería la vida ahí fuera? Tal vez no fueran tan salvajes como dicen. A lo mejor vivían bien, sin la Operación, con las personas a las que aman cerca de ellos. Me encantaría vivir así.
El teléfono del interior de la casa suena con fuerza y me apresuro a entrar. Es Noah.
-¿Dí...dígame?- susurro, pues nunca he usado el teléfono.
-¿Scarlett?-grita alguien al otro lado, haciendo que me tape una oreja con la mano.
-¿Noah? ¿De verdad eres tú?
-¡Sí! Vivimos en pleno centro de la ciudad, y somos muy felices-su voz suena histérica-. Espero un hijo.
La noticia me impacta. Dejo caer el teléfono al suelo y me escurro por la pared. Noah no quería esto, de ningún modo. Y no es feliz. Su tono de voz no me convence. Ella no merece vivir así, no después de todo lo que ha hecho por mí.
Cuando Drake se asoma a ver lo que ha ocurrido, me pongo en pie; furiosa, y grito:
-¡TÚ LO SABES!
-¿De qué estás hablando?
-¡Tú sabes lo que está pasando ahí fuera! ¡Te vi en el orfanato! ¡Debes ayudarme!
Drake, consternado, mira fijamente a la cámara y dice, sin que su expresión cambie un ápice:
-No te vuelvas a levantar sonámbula, o te tendré que castigar.
Empalidezco y trago saliva. No será capaz de castigarme. Es una forma grotesca y despiadada, pero que el Gobierno permite. Tu pareja puede pegarte, castigarte sin comer o encerrarte en una habitación hasta que vuelvas a hacerle caso.
-A la cama, Scarlett.
-Lamento que no sean camas separadas, sé que las habrías preferido así...-se disculpa.
Pero estoy demasiado cansada para oponerme.
-No hay problema. Puedo dormir en cualquier parte.
Entro al baño para ponerme el pijama y Drake lo hace en el cuarto. Es un camisón de lana muy calentito y suave, perfecto para el invierno. Y muy bonito. Dentro de él encuentro unos calcetines que me llegan hasta las rodillas hechos del mismo material. En mi vida he tenido algo así, y me encanta. Sonrío, acariciando la suave lana, y me lo pongo.
Drake está sentado en la cama, revolviéndose el pelo y examinando las hojas de papel que el oficial nos dio. Me siento a su lado, inclinándome para ver mejor, pero él las aparta al instante y me ayuda a meterme entre las calentitas sábanas. Me acurruco bajo ellas y cierro los ojos, sintiendo el calor de mi nueva pareja tras de mí. ¿Le abrazo o no? Me muero de frío, pero no quiero cogerle cariño. Decido no hacerlo.
Vuelvo a tener pesadillas. Los agentes me persiguen, corro a través del campo, fuera de la ciudad y...Drake está a mi lado.
Me despierto bañada en sudor y con la almohada llena de lágrimas. Tragando saliva, obervo a Drake con atención, tratando de averiguar por qué apareció en mi sueño. Como no se me ocurre nada, decido salir a dar un paseo para despejarme, ya que estoy totalmente desvelada.
Camino con lentitud a través de la casa. Cada habitación tiene un estilo diferente; unas son muy modernas, con toda la alta tecnología descubierta hasta ahora, otras son más antiguas, decoradas casi como mi antigua casa. El suelo es de madera y cruje al pasar, tanto que temo que Drake se despierte.
Llego a la puerta de entrada y la abro despacio. Afuera, todo está tranquilo: el viento no mueve los árboles del bosquecillo en crecimiento que hay frente a nuestra casa y no se oye ningún ruido. Se ve el límite de la ciudad, una gran barrera de ladrillo y una cerca electrificada sobre ella. Hay dispuestas varias torres, de modo que formen un cuadrado, y debe de haber cientos de agentes por allí. Sobre todo ahora, que los ataques rebeldes son cada vez más frecuentes.
Me siento en el porche y cruzo las piernas, cavilando. ¿Cómo sería la vida ahí fuera? Tal vez no fueran tan salvajes como dicen. A lo mejor vivían bien, sin la Operación, con las personas a las que aman cerca de ellos. Me encantaría vivir así.
El teléfono del interior de la casa suena con fuerza y me apresuro a entrar. Es Noah.
-¿Dí...dígame?- susurro, pues nunca he usado el teléfono.
-¿Scarlett?-grita alguien al otro lado, haciendo que me tape una oreja con la mano.
-¿Noah? ¿De verdad eres tú?
-¡Sí! Vivimos en pleno centro de la ciudad, y somos muy felices-su voz suena histérica-. Espero un hijo.
La noticia me impacta. Dejo caer el teléfono al suelo y me escurro por la pared. Noah no quería esto, de ningún modo. Y no es feliz. Su tono de voz no me convence. Ella no merece vivir así, no después de todo lo que ha hecho por mí.
Cuando Drake se asoma a ver lo que ha ocurrido, me pongo en pie; furiosa, y grito:
-¡TÚ LO SABES!
-¿De qué estás hablando?
-¡Tú sabes lo que está pasando ahí fuera! ¡Te vi en el orfanato! ¡Debes ayudarme!
Drake, consternado, mira fijamente a la cámara y dice, sin que su expresión cambie un ápice:
-No te vuelvas a levantar sonámbula, o te tendré que castigar.
Empalidezco y trago saliva. No será capaz de castigarme. Es una forma grotesca y despiadada, pero que el Gobierno permite. Tu pareja puede pegarte, castigarte sin comer o encerrarte en una habitación hasta que vuelvas a hacerle caso.
-A la cama, Scarlett.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Capítulo 11.
Drake es insoportablemente atento. Después de que en oficial que nos enseñó nuestra bonita casita a las afueras de la ciudad, nos diera las instrucciones necesarias para vivir, nos entregara varias hojas de folios con nuestra información para conocernos mejor e instalara unas pequeñas y discretas cámaras se fuera, mi pareja comenzó a cuidarme como si yo fuera un polluelo recién salido del huevo. Me prepara muchísima comida (tanta que me dejo más de la mitad) se ofrece a arreglar nuestro cuarto y me prepara la bañera.
Pero no hablamos. Ambos, conscientes de que nos vigilan, no dejamos de lanzar miradas furtivas a las cámaras y a sonreír como si no pasara nada. Durante todo el día pienso en cómo conseguiré sacarle la información. Tengo que hacerlo con tono casual y desinteresado, de modo que ni él ni el Gobierno sospeche lo que en realidad quiero.
Me hundo en la bañera tanto que el agua me llega hasta la neriz y cierro los ojos. Todavía no me acostumbro a esta vida. Ahora que soy libre y no me obligan a hacer nada, tengo que organizar mi tiempo y cuidar de mi pareja a la vez, engordar, cuidarme. Y, lo más importante de todo: fingir que estoy realmente Operada.
Drake llama con timidez a la puerta y yo susurro un ''adelante'' que debe de haber oído, porque lo hace.
-Te traigo las toallas. Recién limpias.
-Muchas gracias, en serio. Nunca nadie me ha cuidado así. Pero mañana tengo que poner en práctica lo que he aprendido todos estos años. Tú no podrás hacerlo todo.
Drake se acerca más y me acaricia el pelo con lentitud. Trato de no moverme, a pesar de que mi corazón se ha acelerado. Reúno más burbujas a mi alrededor.
-¿Sabes?-murmura, bajando la voz-Deberíamos fingir que nos queremos. No estoy muy cómo así. Estás fría y distante. No muy feliz. Mañana, la Operación nos hará efecto y no podremos sentir nada, pero sí recordaremos esto. Si tú no quieres hijos, no tendremos. Me adaptaré a tus necesidades.
Asimilo todo lo que me acaba de decir. Aún creo que es un sueño. Quiere que finjamos que nos amamos, aunque seamos unos completos desconocidos y no sintamos nada el uno por el otro. Quiere que sea feliz, y no busca la satisfacción personal.
Eso me chafa. Así hace que sea más difícil el tratar de manipularlo, y sacarle información. Conseguirá hacerme sentir culpable, y eso no me conviene, por supuesto que no. Lo más seguro será herirle para que abandone sus buenas intenciones. Haré que me es indiferene todo lo relacionado con él.
Me encojo de hombros y le pido por favor que se vaya, pero sin alterar el tono de voz pausado. Percibo cómo su rostro se entristece y se marcha arrastrando los pies sin hacer comentarios. Es demasiado bueno para mí.
Suspirando, salgo de la bañera y me miro en el bonito espejo de pie que hay en un lado de nuestro estrecho cuarto de baño. Aterrorizada, doy un paso atrás: los huesos de las costillas se me marcan como si no hubiera músculo encima y apenas se me notan los muslos. Esto es lo que Drake ve, y no ha huido aterrorizado. Eso me consuela, pero a la vez me alienta. Si quiero conseguir escapar y conseguir sobrevivir ahí fuera, necesito estar sana y fuerte.
Salgo del baño tapada únicamente por la toalla y me dirijo al frigorífico que hay en la cocina, que tanto me recuerda al mío. Lo abro con ansiedad y como todo lo que me encuentro: queso, zanahorias, pan artificial.
Cuando Drake me ve asaltando la cocina, sonríe y comenta:
-Sabía que acabarías sucumbiendo a los encantos de la comida, Scarlett.
Pero no hablamos. Ambos, conscientes de que nos vigilan, no dejamos de lanzar miradas furtivas a las cámaras y a sonreír como si no pasara nada. Durante todo el día pienso en cómo conseguiré sacarle la información. Tengo que hacerlo con tono casual y desinteresado, de modo que ni él ni el Gobierno sospeche lo que en realidad quiero.
Me hundo en la bañera tanto que el agua me llega hasta la neriz y cierro los ojos. Todavía no me acostumbro a esta vida. Ahora que soy libre y no me obligan a hacer nada, tengo que organizar mi tiempo y cuidar de mi pareja a la vez, engordar, cuidarme. Y, lo más importante de todo: fingir que estoy realmente Operada.
Drake llama con timidez a la puerta y yo susurro un ''adelante'' que debe de haber oído, porque lo hace.
-Te traigo las toallas. Recién limpias.
-Muchas gracias, en serio. Nunca nadie me ha cuidado así. Pero mañana tengo que poner en práctica lo que he aprendido todos estos años. Tú no podrás hacerlo todo.
Drake se acerca más y me acaricia el pelo con lentitud. Trato de no moverme, a pesar de que mi corazón se ha acelerado. Reúno más burbujas a mi alrededor.
-¿Sabes?-murmura, bajando la voz-Deberíamos fingir que nos queremos. No estoy muy cómo así. Estás fría y distante. No muy feliz. Mañana, la Operación nos hará efecto y no podremos sentir nada, pero sí recordaremos esto. Si tú no quieres hijos, no tendremos. Me adaptaré a tus necesidades.
Asimilo todo lo que me acaba de decir. Aún creo que es un sueño. Quiere que finjamos que nos amamos, aunque seamos unos completos desconocidos y no sintamos nada el uno por el otro. Quiere que sea feliz, y no busca la satisfacción personal.
Eso me chafa. Así hace que sea más difícil el tratar de manipularlo, y sacarle información. Conseguirá hacerme sentir culpable, y eso no me conviene, por supuesto que no. Lo más seguro será herirle para que abandone sus buenas intenciones. Haré que me es indiferene todo lo relacionado con él.
Me encojo de hombros y le pido por favor que se vaya, pero sin alterar el tono de voz pausado. Percibo cómo su rostro se entristece y se marcha arrastrando los pies sin hacer comentarios. Es demasiado bueno para mí.
Suspirando, salgo de la bañera y me miro en el bonito espejo de pie que hay en un lado de nuestro estrecho cuarto de baño. Aterrorizada, doy un paso atrás: los huesos de las costillas se me marcan como si no hubiera músculo encima y apenas se me notan los muslos. Esto es lo que Drake ve, y no ha huido aterrorizado. Eso me consuela, pero a la vez me alienta. Si quiero conseguir escapar y conseguir sobrevivir ahí fuera, necesito estar sana y fuerte.
Salgo del baño tapada únicamente por la toalla y me dirijo al frigorífico que hay en la cocina, que tanto me recuerda al mío. Lo abro con ansiedad y como todo lo que me encuentro: queso, zanahorias, pan artificial.
Cuando Drake me ve asaltando la cocina, sonríe y comenta:
-Sabía que acabarías sucumbiendo a los encantos de la comida, Scarlett.
martes, 5 de febrero de 2013
Capítulo 10.
El trabajo de mis estilistas es impresionante. Consiguen transformar mi apelmazado pelo en una bonitas trenza, hacen desaparecer mis ojeras y transforman mis labios en unos muy deseables.
Con mi cuerpo no tienen tanta suerte; estoy casi anoréxica por no haber querido probar bocado en varias semanas. Tienen que hacer grandes esfuerzos para ceñirme mi precioso vestido gris perla a la cintura, y apenas puedo sostenerme sobre mis tacones. Le echo la culpa de todo a la fallida Operación, al orfanato y a los médicos, pero sé que en realidad el problema es mío. Tengo la mente embotada por la morflina, y no contribuyo a mejorarlo. También es culpa mía por haberme negado a comer en semanas, como pobre signo de rebelión. Y más me valdría no haberlo hecho, pues me está pasando factura.
Las estilistas deben de notar que estoy muy nerviosa, porque tratan de animarme:
-Seguro que tu pareja es muy guapa-aseguran-tú solo trata de caminar con la cabeza alta y un pie delante de otro-afirma una de ellas, y me enseña sobre sus tacones de plataforma. Su estilo es raro, va vestida completamente de negro y un montón de piercings adornan su cara.
Gruño por toda respuesta y me miro al espejo. Puede que vean a una chica indefensa y raquítica que necesita ser defendida, pero no. Porque pienso rebelarme.
Un oficial me deja pasar a la Sala de Emparejamientos, y yo trato de mantener la compostura, dado que me están vigilando, y me coloco junto a las demás. Comparada con ellas, soy como un ratón.
Busco a Drake con ansiedad. Sí, allí está. Arreglado, como todos. Se gira a observarme con su característica mirada penetrante, como si supiera lo que hice. Y eso me inquieta de sobremanera. Cierro los ojos y suspiro con fuerza, tratando de serenarme. No puede saberlo.
Desconecto cuando la misma mujer chillona de la otra vez comienza su aburrido discurso, y me dedico a observar a las demás con la cabeza ligeramente inclinada. Todas tienen un aspecto estupendo, con sus vestidos de bonitos colores. Azul eléctrico, verde lima, rojo sangre. Una lleva uno de color naranja pálido muy feo, alguien debería haberle avisado. Pero es más bonito que el mío. Es bonito y ornamentado, sí; pero el color es muy feo. No encaja con mi personalidad.
-¡Que comience el Emparejamiento, pues!-exclama la mujer, sacando la lista.
Presto atención al instante, retorciéndome las manos con nerviosismo. Empiezo a dudar. ¿Y si no ha cambiado nada? ¿Y si hice el cambio mal, o, peor aún; lo soñé? Pero no. Sacudo la cabeza, tratando de sonreír. Me estoy volviendo paranoica.
Sorprendentemente, comienza por mi nombre.
-Scarlett Lekker y... oh, parece que ha habido un cambio. Drake Hairgrove. Esta vez no has perdido a tu pareja-ríe, pero nadie la imita. Bajando la vista, espera a que demos un paso al frente.
Me retiro el pelo de la frente y avanzo, tropezando con mis propios pies, pero tratando de mantener expresión neutral, como las demás. Como si estuviera Operada.
Drake me imita con expresión indiferente y nos miramos a la cara con intensidad, reconociéndonos mutuamente. Sus ojos parecen haber cambiado de color. Ahora son... verde mar.
Me preocupo cuando frunce el ceño al ver mi aspecto. Seguro que piensa que estoy horrible, y planea la forma de deshacerse de mí cuanto antes. Total, no lo sentiría. Pero no. Finalmente, parece dar el visto bueno, y me acompaña con él hasta una de las mesas. Me siento con lentitud y cruzo las manos sobre el regazo, esperando mi turno con paciencia.
La mujer termina con un carraspeo y yo me despierto, sobresaltada y avergonzada. Me he quedado dormida, pero ha sido agradable. No he tenido pesadillas.
Drake se pone en pie y me ayuda a levantarme a mí también. Su mirada me pone nerviosa. Pero tendré que acostumbrarme a ella si quiero sonsacarle algo.
-Y, parejas...-anuncia la mujer con voz pausada-mañana irá un oficial a sellar vuestro matrimonio y a ayudaros a conoceros mejor. Que paséis una buena noche.
Todas nos despedimos con una educada reverencia (en la que me tropiezo) y un ''adiós, señorita'' (en el que llego tarde.)
-Qué emoción, ¿eh?-murmura Drake, divertido.
-Y que lo digas. Lo estoy deseando, Hairgrove.
Con mi cuerpo no tienen tanta suerte; estoy casi anoréxica por no haber querido probar bocado en varias semanas. Tienen que hacer grandes esfuerzos para ceñirme mi precioso vestido gris perla a la cintura, y apenas puedo sostenerme sobre mis tacones. Le echo la culpa de todo a la fallida Operación, al orfanato y a los médicos, pero sé que en realidad el problema es mío. Tengo la mente embotada por la morflina, y no contribuyo a mejorarlo. También es culpa mía por haberme negado a comer en semanas, como pobre signo de rebelión. Y más me valdría no haberlo hecho, pues me está pasando factura.
Las estilistas deben de notar que estoy muy nerviosa, porque tratan de animarme:
-Seguro que tu pareja es muy guapa-aseguran-tú solo trata de caminar con la cabeza alta y un pie delante de otro-afirma una de ellas, y me enseña sobre sus tacones de plataforma. Su estilo es raro, va vestida completamente de negro y un montón de piercings adornan su cara.
Gruño por toda respuesta y me miro al espejo. Puede que vean a una chica indefensa y raquítica que necesita ser defendida, pero no. Porque pienso rebelarme.
Un oficial me deja pasar a la Sala de Emparejamientos, y yo trato de mantener la compostura, dado que me están vigilando, y me coloco junto a las demás. Comparada con ellas, soy como un ratón.
Busco a Drake con ansiedad. Sí, allí está. Arreglado, como todos. Se gira a observarme con su característica mirada penetrante, como si supiera lo que hice. Y eso me inquieta de sobremanera. Cierro los ojos y suspiro con fuerza, tratando de serenarme. No puede saberlo.
Desconecto cuando la misma mujer chillona de la otra vez comienza su aburrido discurso, y me dedico a observar a las demás con la cabeza ligeramente inclinada. Todas tienen un aspecto estupendo, con sus vestidos de bonitos colores. Azul eléctrico, verde lima, rojo sangre. Una lleva uno de color naranja pálido muy feo, alguien debería haberle avisado. Pero es más bonito que el mío. Es bonito y ornamentado, sí; pero el color es muy feo. No encaja con mi personalidad.
-¡Que comience el Emparejamiento, pues!-exclama la mujer, sacando la lista.
Presto atención al instante, retorciéndome las manos con nerviosismo. Empiezo a dudar. ¿Y si no ha cambiado nada? ¿Y si hice el cambio mal, o, peor aún; lo soñé? Pero no. Sacudo la cabeza, tratando de sonreír. Me estoy volviendo paranoica.
Sorprendentemente, comienza por mi nombre.
-Scarlett Lekker y... oh, parece que ha habido un cambio. Drake Hairgrove. Esta vez no has perdido a tu pareja-ríe, pero nadie la imita. Bajando la vista, espera a que demos un paso al frente.
Me retiro el pelo de la frente y avanzo, tropezando con mis propios pies, pero tratando de mantener expresión neutral, como las demás. Como si estuviera Operada.
Drake me imita con expresión indiferente y nos miramos a la cara con intensidad, reconociéndonos mutuamente. Sus ojos parecen haber cambiado de color. Ahora son... verde mar.
Me preocupo cuando frunce el ceño al ver mi aspecto. Seguro que piensa que estoy horrible, y planea la forma de deshacerse de mí cuanto antes. Total, no lo sentiría. Pero no. Finalmente, parece dar el visto bueno, y me acompaña con él hasta una de las mesas. Me siento con lentitud y cruzo las manos sobre el regazo, esperando mi turno con paciencia.
La mujer termina con un carraspeo y yo me despierto, sobresaltada y avergonzada. Me he quedado dormida, pero ha sido agradable. No he tenido pesadillas.
Drake se pone en pie y me ayuda a levantarme a mí también. Su mirada me pone nerviosa. Pero tendré que acostumbrarme a ella si quiero sonsacarle algo.
-Y, parejas...-anuncia la mujer con voz pausada-mañana irá un oficial a sellar vuestro matrimonio y a ayudaros a conoceros mejor. Que paséis una buena noche.
Todas nos despedimos con una educada reverencia (en la que me tropiezo) y un ''adiós, señorita'' (en el que llego tarde.)
-Qué emoción, ¿eh?-murmura Drake, divertido.
-Y que lo digas. Lo estoy deseando, Hairgrove.
lunes, 4 de febrero de 2013
Capítulo 9.
Frente a la puerta de mi habitación, me doy cuenta de lo que he hecho. La puerta se ha salido de sus goznes, los tornillos están desperdigados por el suelo y el pajarito que maté en un ataque de histeria y locura yace sobre mi cama. Si Elaine o alguien más ve esto, probablemente me juzguen o me corten la lengua. De modo que levanto la puerta como puedo y la coloco en su hueco. Se balancea peligrosamente. Reculo con lentitud y me tumbo en la cama, haciéndome la dormida para cuando Elaine se acerque.
Y, efectivamente, lo hace. No sé bien qué hora es después de haber pasado media hora tumbada, quieta y con los ojos abiertos. Con una sonrisa placentera, escucho atentamente cómo Elaine ahoga una exclamación ahogada al derribar la puerta y lo recoge todo con rapidez, para no despertar sospechas.
Sabía que reaccionaría así. Nunca falla, son como androides. Todas programadas para reaccionar igual. Y eso es lo que no quiero. Yo quiero sentir algo cuando nazcan mis hijos, me case, me den mi primer beso. Sentir algo cuando acaricie el pelo de la persona a la que ame, su piel, sus labios...
Porque Drake no será mi pareja. Él sólo me servirá para ayudarme a esccapar y recolectar información sobre los rebeldes.
Me muevo, pensando en cómo será la persona a la que estoy destinada a amar. Debe dictármelo el corazón, no el Gobierno. Y así debería ser para todo el mundo.
El día de mi Emparejamiento se acerca y yo estoy cada vez más nerviosa, ojerosa y débil. Elaine me echó a mí la culpa de la puerta nada más ver el estropicio, y pruebas no le faltaban. El castigo se alargó dos semanas más, durante las cuales me redujeron el suministro de comida y agua. He adelgazado varios kilos, y ahora me mantienen más vigilada todavía. Hasta han instado a mis compañeras a no quitarme el ojo de encima.
Pero no les dije a dónde había ido. No he pronunciado palabra en todos estos días, de modo que tengo la voz completamente ronca cuando decido practicar ante el espejo. Carraspeo varias veces, pero sólo consigo hacer salir un hilo de voz.
Trato de engordar unos kilos de más, pero no me entra nada en el estómago. Tengo los brazos llenos de agujetas y moratones y las uñas partidas por los golpes que me han dado con una vara y el ejercicio que me han obligado a hacer, pero trato de seguir adelante. No lo consigo.
Para cuando llega el día de mi Emparejamiento, tengo que esperar unas horas de más porque han tenido que ajustarme un poco más el vestido dada mi repentina delgadez.
No es un día agradable. No me despido de nadie, ni nadie se despide de mí. Cada día que pasé en el orfanato fue peor que el anterior.
Un aerodeslizador parecido al que nos recogió a Noah y a mí el día de su Emparejamiento. Escucho al oficial que me da instrucciones sin hacer caso de lo que dice y echo un par de cabezaditas antes de que frene rápidamente y me metan a toda prisa en el hospital. Me fijo en que la misma recepcionista atiende a los clientes y en que estudia mis huesudos brazos con preocupación. Me encojo de hombros para tranquilizarla y me introduzco en la sala de Operaciones dando un portazo.
Una angustia desconocida para mí hasta entonces se apodera de mi interior y me entran arcadas, de modo que vomito en mitad de la sala. Miro con asco cómo la bilis inunda el lugar y me limpio la boca con una mano temblorosa. Nunca conseguiré salir de aquí en este estado. Pero tengo que luchar de algún modo.
Un médico me agarra del brazo y me inserta una gran aguja cargada de morflina para dormirme.Mi último pensamiento es que me gustaría metérsela en el ojo.
Durante varias horas floto en el incierto mundo de los sueños en una paz prácticamente inalcanzable estando despierta. No llego a soñar nada, y eso me alivia. No quiero ver otra vez aquella persecución. Cuando los efectos se pasan, abro los ojos con lentitud y los cierro con rapidez, volviendo a tener arcadas. Los médicos hablan entre ellos con preocupación mientras suturan la abertura en mi cráneo.
-¿Qué...qué ocurre?-consigo articular con voz muy ronca.
-Señorita Lekker-exclama uno de ellos en voz baja-su Operación no ha tenido éxito. Su cerebro se resistía como ningún otro. Sus pensamientos negativos y cargados de sentimientos nos han hecho abortarla.
Sonrío, aliviada. Esto no me lo esperaba, de ningún modo.Ya me estoy imaginando a mí misma en un futuro no muy próximo, con una amplia sonrisa en la cara y corriendo con mis hijos de la mano. Y, a mi lado, mi marido. Su cara todavía es incierta, ya que no le he conocido todavía, pero siento en mi interior que le amo. Con todas mis fuerzas.
Pero la respuesta de los médicos hace que se me borre la sonrisa de la cara y las lágrimas acudan de nuevo a mis ojos.
-Sin embargo, eso no debe de ser motivo de alivio para usted. La tendremos vigilada durante un mes, de día y de noche. Puede ser usted un peligro para la sociedad. Y, si hace un movimiento en falso, no dude que será torturada. ¿Lo comprende? Usted sólo debe fingir ser feliz y todos contentos.
-Lo...comprendo. Sí. Feliz y contenta. El Gobierno me ha dado la felicidad. Sí. ¡SÍ!-grito, presa de la histeria.
Los médicos me vuelven a sedar y ya no recuerdo nada.
Y, efectivamente, lo hace. No sé bien qué hora es después de haber pasado media hora tumbada, quieta y con los ojos abiertos. Con una sonrisa placentera, escucho atentamente cómo Elaine ahoga una exclamación ahogada al derribar la puerta y lo recoge todo con rapidez, para no despertar sospechas.
Sabía que reaccionaría así. Nunca falla, son como androides. Todas programadas para reaccionar igual. Y eso es lo que no quiero. Yo quiero sentir algo cuando nazcan mis hijos, me case, me den mi primer beso. Sentir algo cuando acaricie el pelo de la persona a la que ame, su piel, sus labios...
Porque Drake no será mi pareja. Él sólo me servirá para ayudarme a esccapar y recolectar información sobre los rebeldes.
Me muevo, pensando en cómo será la persona a la que estoy destinada a amar. Debe dictármelo el corazón, no el Gobierno. Y así debería ser para todo el mundo.
El día de mi Emparejamiento se acerca y yo estoy cada vez más nerviosa, ojerosa y débil. Elaine me echó a mí la culpa de la puerta nada más ver el estropicio, y pruebas no le faltaban. El castigo se alargó dos semanas más, durante las cuales me redujeron el suministro de comida y agua. He adelgazado varios kilos, y ahora me mantienen más vigilada todavía. Hasta han instado a mis compañeras a no quitarme el ojo de encima.
Pero no les dije a dónde había ido. No he pronunciado palabra en todos estos días, de modo que tengo la voz completamente ronca cuando decido practicar ante el espejo. Carraspeo varias veces, pero sólo consigo hacer salir un hilo de voz.
Trato de engordar unos kilos de más, pero no me entra nada en el estómago. Tengo los brazos llenos de agujetas y moratones y las uñas partidas por los golpes que me han dado con una vara y el ejercicio que me han obligado a hacer, pero trato de seguir adelante. No lo consigo.
Para cuando llega el día de mi Emparejamiento, tengo que esperar unas horas de más porque han tenido que ajustarme un poco más el vestido dada mi repentina delgadez.
No es un día agradable. No me despido de nadie, ni nadie se despide de mí. Cada día que pasé en el orfanato fue peor que el anterior.
Un aerodeslizador parecido al que nos recogió a Noah y a mí el día de su Emparejamiento. Escucho al oficial que me da instrucciones sin hacer caso de lo que dice y echo un par de cabezaditas antes de que frene rápidamente y me metan a toda prisa en el hospital. Me fijo en que la misma recepcionista atiende a los clientes y en que estudia mis huesudos brazos con preocupación. Me encojo de hombros para tranquilizarla y me introduzco en la sala de Operaciones dando un portazo.
Una angustia desconocida para mí hasta entonces se apodera de mi interior y me entran arcadas, de modo que vomito en mitad de la sala. Miro con asco cómo la bilis inunda el lugar y me limpio la boca con una mano temblorosa. Nunca conseguiré salir de aquí en este estado. Pero tengo que luchar de algún modo.
Un médico me agarra del brazo y me inserta una gran aguja cargada de morflina para dormirme.Mi último pensamiento es que me gustaría metérsela en el ojo.
Durante varias horas floto en el incierto mundo de los sueños en una paz prácticamente inalcanzable estando despierta. No llego a soñar nada, y eso me alivia. No quiero ver otra vez aquella persecución. Cuando los efectos se pasan, abro los ojos con lentitud y los cierro con rapidez, volviendo a tener arcadas. Los médicos hablan entre ellos con preocupación mientras suturan la abertura en mi cráneo.
-¿Qué...qué ocurre?-consigo articular con voz muy ronca.
-Señorita Lekker-exclama uno de ellos en voz baja-su Operación no ha tenido éxito. Su cerebro se resistía como ningún otro. Sus pensamientos negativos y cargados de sentimientos nos han hecho abortarla.
Sonrío, aliviada. Esto no me lo esperaba, de ningún modo.Ya me estoy imaginando a mí misma en un futuro no muy próximo, con una amplia sonrisa en la cara y corriendo con mis hijos de la mano. Y, a mi lado, mi marido. Su cara todavía es incierta, ya que no le he conocido todavía, pero siento en mi interior que le amo. Con todas mis fuerzas.
Pero la respuesta de los médicos hace que se me borre la sonrisa de la cara y las lágrimas acudan de nuevo a mis ojos.
-Sin embargo, eso no debe de ser motivo de alivio para usted. La tendremos vigilada durante un mes, de día y de noche. Puede ser usted un peligro para la sociedad. Y, si hace un movimiento en falso, no dude que será torturada. ¿Lo comprende? Usted sólo debe fingir ser feliz y todos contentos.
-Lo...comprendo. Sí. Feliz y contenta. El Gobierno me ha dado la felicidad. Sí. ¡SÍ!-grito, presa de la histeria.
Los médicos me vuelven a sedar y ya no recuerdo nada.
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