lunes, 4 de febrero de 2013

Capítulo 9.

Frente a la puerta de mi habitación, me doy cuenta de lo que he hecho. La puerta se ha  salido de sus goznes, los tornillos están desperdigados por el suelo y el pajarito que maté en un ataque de histeria y locura yace sobre mi cama. Si Elaine o alguien más ve esto, probablemente me juzguen o me corten la lengua. De modo que levanto la puerta como puedo y la coloco en su hueco. Se balancea peligrosamente. Reculo con lentitud y me tumbo en la cama, haciéndome la dormida para cuando Elaine se acerque.
Y, efectivamente, lo hace. No sé bien qué hora es después de haber pasado media hora tumbada, quieta y con los ojos abiertos. Con una sonrisa placentera, escucho atentamente cómo Elaine ahoga una exclamación ahogada al derribar la puerta y lo recoge todo con rapidez, para no despertar sospechas.
Sabía que reaccionaría así. Nunca falla, son como androides. Todas programadas para reaccionar igual. Y eso es lo que no quiero. Yo quiero sentir algo cuando nazcan mis hijos, me case, me den mi primer beso. Sentir algo cuando acaricie el pelo de la persona a la que ame, su piel, sus labios...
Porque Drake no será mi pareja. Él sólo me servirá para ayudarme a esccapar y recolectar información sobre los rebeldes.
Me muevo, pensando en cómo será la persona a la que estoy destinada a amar. Debe dictármelo el corazón, no el Gobierno. Y así debería ser para todo el mundo.

 El día de mi Emparejamiento se acerca y yo estoy cada vez más nerviosa, ojerosa y débil. Elaine me echó a mí la culpa de la puerta nada más ver el estropicio, y pruebas no le faltaban. El castigo se alargó dos semanas más, durante las cuales me redujeron el suministro de comida y agua. He adelgazado varios kilos, y ahora me mantienen más vigilada todavía. Hasta han instado a mis compañeras a no quitarme el ojo de encima.
Pero no les dije a dónde había ido. No he pronunciado palabra en todos estos días, de modo que tengo la voz completamente ronca cuando decido practicar ante el espejo. Carraspeo varias veces, pero sólo consigo hacer salir un hilo de voz.
Trato de engordar unos kilos de más, pero no me entra nada en el estómago. Tengo los brazos llenos de agujetas y moratones y las uñas partidas por los golpes que me han dado con una vara y el ejercicio que me han obligado a hacer, pero trato de seguir adelante. No lo consigo.
Para cuando llega el día de mi Emparejamiento, tengo que esperar unas horas de más  porque han tenido que ajustarme un poco más el vestido dada mi repentina delgadez.
No es un día agradable. No me despido de nadie, ni nadie se despide de mí. Cada día que pasé en el orfanato fue peor que el anterior.
Un aerodeslizador parecido al que nos recogió a Noah y a mí el día de su Emparejamiento. Escucho al oficial que me da instrucciones sin hacer caso de lo que dice y echo un par de cabezaditas antes de que frene rápidamente y me metan a toda prisa en el hospital. Me fijo en que la misma recepcionista atiende a los clientes y en que estudia mis huesudos brazos con preocupación. Me encojo de hombros para tranquilizarla y me introduzco en la sala de Operaciones dando un portazo.
Una angustia desconocida para mí hasta entonces se apodera de mi interior y me entran arcadas, de modo que vomito en mitad de la sala. Miro con asco cómo la bilis inunda el lugar y me limpio la boca con una mano temblorosa. Nunca conseguiré salir de aquí en este estado. Pero tengo que luchar de algún modo.
Un médico me agarra del brazo y me inserta una gran aguja cargada de morflina para dormirme.Mi último pensamiento es que me gustaría metérsela en el ojo.

Durante varias horas floto en el incierto mundo de los sueños en una paz prácticamente inalcanzable estando despierta. No llego a soñar nada, y eso me alivia. No quiero ver otra vez aquella persecución. Cuando los efectos se pasan, abro los ojos con lentitud y los cierro con rapidez, volviendo a tener arcadas. Los médicos hablan entre ellos con preocupación mientras suturan la abertura en mi cráneo.
-¿Qué...qué ocurre?-consigo articular con voz muy ronca.
-Señorita Lekker-exclama uno de ellos en voz baja-su Operación no ha tenido éxito. Su cerebro se resistía como ningún otro. Sus pensamientos negativos y cargados de sentimientos nos han hecho abortarla.
Sonrío, aliviada. Esto no me lo esperaba, de ningún modo.Ya me estoy imaginando a mí misma en un futuro no muy próximo, con una amplia sonrisa en la cara y corriendo con mis hijos de la mano. Y, a mi lado, mi marido. Su cara todavía es incierta, ya que no le he conocido todavía, pero siento en mi interior que le amo. Con todas mis fuerzas.
Pero la respuesta de los médicos hace que se me borre la sonrisa de la cara y las lágrimas acudan de nuevo a mis ojos.
-Sin embargo, eso no debe de ser motivo de alivio para usted. La tendremos vigilada durante un mes, de día y de noche. Puede ser usted un peligro para la sociedad. Y, si hace un movimiento en falso, no dude que será torturada. ¿Lo comprende? Usted sólo debe fingir ser feliz y todos contentos.
-Lo...comprendo. Sí. Feliz y contenta. El Gobierno me ha dado la felicidad. Sí. ¡SÍ!-grito, presa de la histeria.
Los médicos me vuelven a sedar y ya no recuerdo nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario