La expresión de Drake cambió unas tres veces en dos segundos. Finalmente, me cogió de la mano y me llevó a un claro del bosque envuelta en una manta para hacerlo más ameno.
Ahora estamos sentados en mitad de un campo florido, yo con la manta sobre mis hombros y él mordisqueándose las uñas distraídamente, pensando en cómo empezar.
-Supongo que ya sabes que los Rebeldes son una comunidad que está en contra del Gobierno. No están Operados, y eligen libremente cuándo perder la virginidad, casarse y todo eso. Viven alrededor de la ciudad y atacan de vez en cuando. No tienen ningún objetivo, sólo conseguir derrocar al Gobierno.
Asiento, intrigada. Hasta ahora nunca había hablado seriamente con alguien sobre este tema. Nadie quiere hablar de eso. Los Rebeldes son un tema vedado para la mayoría de los ciudadanos.
-Hasta ahí, lo sé.
Drake mira a su alrededor, nervioso.
-Dicen que son salvajes. Pues bien, se equivocan. Son personas civilizadas, más civilizadas aún que nosotros mismos. Aunque vivan bajo tierra, cada día más gente conoce el lugar y deciden unirse a ellos. Por eso también cambian la ubicación de la comunidad constantemente- el tono de voz de Drake se hace más apasionado, y los ojos le brillan- Tienen armas. Muchas armas. También infiltrados en el propio Gobierno. Nos...Les envían a los Emparejamientos para conseguir a más reclutas. Se harán con el control, Scarlett. Lo harán.
Le miro, casi con miedo. Me arrebujo más en mi manta y noto que me empieza a temblar el labio. Su forma de hablar sobre los Rebeldes... Como si él fuera uno de ellos. Ese tono tan apasionado. Y me acaba de proporcionar información que nadie más sabe.
-Tú... ¿quieres unirte a ellos?
Drake niega y me aprieta la mano con fuerza.
-No. Pero tú serías una gran rebelde. Sé que te has resistido a la Operación. Lo noto en tu mirada, em tu forma de actuar. No eres una androide. Eres humana.
A mí no se me ocurre otra cosa que pensar que Drake es el chico al que mi madre no habría querido en casa ni habría visto adecuado para mí. Su apariencia es sospechosa, pero tiene un aura atrayente. Consigue lo que quiere siempre, de eso estoy segura. Y se entera de todo.
Le miro de arriba a abajo. Él tampoco parece estar Operado.
-Has acertado, Drake-. Me levanto con las piernas temblorosas- Y tú tampoco lo estás. Lo llevo pensando varios días. Tu constitución, tu forma de actuar... eres un rebelde, ¿no es así? Uno novato. Impaciente. Pero entrenado.
Drake se sonroja y asiente. Yo estoy demasiado ocupada pensando en cómo lo he adivinado todo para darme cuenta de que estoy ante un terrorista que planea la destrucción del país. Y mi madre no estaría orgullosa.
-Eres lista, Scarlett. Sí, soy un rebelde demasiado entusiasta e impaciente que no ha podido aguantarse para decírtelo. Tú serías mejor que yo. ¿Aceptas?-Me tiende la mano y me mira con ojos esperanzados.
¿Y qué hago yo? Echo a correr. Lejos, lo más lejos que puedo. Tropezando, apartando ramas, sintiendo los picotazos de los bichos en los brazos. Apenas me doy cuenta de que la manta se me cae y pierdo un zapato por el camino hasta que llego a una ciénaga y me hundo hasta las rodillas. Lucho durante unos minutos hasta que me doy cuenta de que conforme más me muevo, más me hundo.
Estoy metida hasta la cintura cuando siento algo desliza entre mis piernas. Busco un palo para impulsarme, pero no veo ninguno. Escucho a Drake llamarme a lo lejos, pero estoy repentinamente enfadada y no quiero saber nada de él. Quiero apañármelas yo sola.
-Genial-bufo, exasperada. Me hundo hasta la nariz y despego los pies del barro, haciendo un ruido como de ventosa, y nado por el barro, esquivando a los bichos. Consigo llegar a la orilla y me quedo allí, cubierta de barro, y con una rama enrollada en el tobillo.
No, una rama no... es una boa.
Escribir. Para ti, una palabra. Para mí, un sueño, una vida. Por eso escribo, para poder desahogarme, y para poder complacer y entretener a los demás con mis novelas. Así que, ¡adelante! Podéis empezar a leer. No os hago perder más tiempo. :)
lunes, 22 de abril de 2013
miércoles, 10 de abril de 2013
Capítulo 14.
A última hora de la tarde, Noah y Jimmy se van. Me despido de ellos con un beso y les digo que pueden volver cuando les plazca, poniendo especial énfasis al decírselo a Noah, y Drake me respalda, percibiendo mi preocupación. En cuanto desaparecen por la puerta, Drake, apurado, se dirige a la habitación con rapidez, y le dejo ir. La verdad es que, después de después de la conmoción que me ha causado ver a Noah así, quiero estar sola, sin pensar en nada, simplemente sentada en el sofá leyendo un libro o algo.
Pero mis pensamientos no están de acuerdo. Me asaltan diversas imágenes sobre cómo habría podido ser mi futuro marido si no hubiera trucado el ordenador, si hubiera dejado que el chico de nariz aguileña hubiera sido emparejado conmigo. Al mismo tiempo, me siento culpable por no haber cambiado la pareja de Noah antes de su Emparejamiento. Es verdad que nunca hubo mucha confianza entre nosotras, pero había algo que nos unía: nuestro pasado. Y yo había roto esa bonita unicón dejándola ir con Jimmy.
Me estampo un cojín en la cara, desolada, y me echo a llorar en silencio, olvidando por un momento que estoy Operada y lo visto esta tarde no debería afectarme.
En cambio, el Gobierno no lo deja pasar tan fácilmente. Casi a los dos minutos, un grupo de agentes llama a la puerta con fuerza y corro a abrir. Lo empiezo a ver todo borroso y me tengo que apoyar en el quicio de la puerta, jadeando. Me mantengo consciente el tiempo suficiente para ver que un agente me estampa en la mano un sello en el que pone: ''DESEMPAREJADA''.
Despierto sobresaltada y bañada en sudor. ¿Ha sido sólo un sueño? Sería un alivio.
-¿D...Drake?-trato de imprimirle seguridad a mi voz- ¿Puedes venir, por favor? No me encuentro demasiado bien.
Lo espero con las piernas cruzadas y una manta echada sobre ellas, con la expresión más neutral posile.
-Dime, Scarlett-. Drake se sienta a mi lado y me mira con el ceño ligeramente fruncido.
-¿He hecho algo raro cuando Noah se ha ido?
-Te has deshecho de ellos como quien no quiere la cosa, te has acercado renqueando al sofá y te has dormido unos treinta minutos.
Imposible.
-No puede ser cierto-replico con suavidad- Ellos se fueron por su propio pie. Y yo no me he... ¿no han venido unos oficiales y...?-me miro la mano, esperando ver el sello, pero no hay nada-. Olvídalo, no es nada. Gracias, Drake.
-¿De verdad te encuentras bien?
Niego con la cabeza y le pido que se marche para terminar de dar forma a la idea que tengo en la cabeza. Un pinchazo insistente ha empezado a latir en mis sienes, y tengo que entornar los párpados para concentrarme. Me llevo la mano al escote y saco un papel muy arrugado, con grandes manchas de tinta. Mi lista de cosas que hacer.
1. Conseguir queel chico rubio Drake sea mi pareja.
2. Librarme de algún modo de la Operación.
3. Conservar mi lengua y demás extremidades intactas.
4. Colarme en el despacho de la directora.
5. Cambiar mi pareja.
6. Casarme.
7. HUIR.
Garabateo un ''hecho'' desde el número uno al seis, y hago una gran interrogación en el siete, sin descartar la opción todavía. Mordisqueo el lápiz y apunto el número ocho:
8. Sobervivir.
Arrugo la nota y la vuelvo a guardar en su sitio. Me reclino sobre el sofá y sigo mordisqueando el lápiz hasta que se astilla. ¿Cómo sé que Drake se trae algo entre manos? Es solo una sospecha. ¿Y si mis paranoias han llegado tan lejos que todo el mundo me parece sospechoso? No. Imposible.
Me masajeo las sienes para atenuar los pinchazos y suspiro. Ha sido la Operación. Tiene efectos secundarios en mí. Me hace actuar en contra de mi voluntad; me hace ver cosas que no son.
Me planteo la idea de que a lo mejor los médicos lo han hecho intencionadamente para que no cometa ninguna locura mientras no esté Operada. Otra cosa de lo que tengo que librarme cuando vaya a huir.
-Drake, cariño...-le llamo con voz cantarina-. Háblame de los Rebeldes.
Pero mis pensamientos no están de acuerdo. Me asaltan diversas imágenes sobre cómo habría podido ser mi futuro marido si no hubiera trucado el ordenador, si hubiera dejado que el chico de nariz aguileña hubiera sido emparejado conmigo. Al mismo tiempo, me siento culpable por no haber cambiado la pareja de Noah antes de su Emparejamiento. Es verdad que nunca hubo mucha confianza entre nosotras, pero había algo que nos unía: nuestro pasado. Y yo había roto esa bonita unicón dejándola ir con Jimmy.
Me estampo un cojín en la cara, desolada, y me echo a llorar en silencio, olvidando por un momento que estoy Operada y lo visto esta tarde no debería afectarme.
En cambio, el Gobierno no lo deja pasar tan fácilmente. Casi a los dos minutos, un grupo de agentes llama a la puerta con fuerza y corro a abrir. Lo empiezo a ver todo borroso y me tengo que apoyar en el quicio de la puerta, jadeando. Me mantengo consciente el tiempo suficiente para ver que un agente me estampa en la mano un sello en el que pone: ''DESEMPAREJADA''.
Despierto sobresaltada y bañada en sudor. ¿Ha sido sólo un sueño? Sería un alivio.
-¿D...Drake?-trato de imprimirle seguridad a mi voz- ¿Puedes venir, por favor? No me encuentro demasiado bien.
Lo espero con las piernas cruzadas y una manta echada sobre ellas, con la expresión más neutral posile.
-Dime, Scarlett-. Drake se sienta a mi lado y me mira con el ceño ligeramente fruncido.
-¿He hecho algo raro cuando Noah se ha ido?
-Te has deshecho de ellos como quien no quiere la cosa, te has acercado renqueando al sofá y te has dormido unos treinta minutos.
Imposible.
-No puede ser cierto-replico con suavidad- Ellos se fueron por su propio pie. Y yo no me he... ¿no han venido unos oficiales y...?-me miro la mano, esperando ver el sello, pero no hay nada-. Olvídalo, no es nada. Gracias, Drake.
-¿De verdad te encuentras bien?
Niego con la cabeza y le pido que se marche para terminar de dar forma a la idea que tengo en la cabeza. Un pinchazo insistente ha empezado a latir en mis sienes, y tengo que entornar los párpados para concentrarme. Me llevo la mano al escote y saco un papel muy arrugado, con grandes manchas de tinta. Mi lista de cosas que hacer.
1. Conseguir que
2. Librarme de algún modo de la Operación.
3. Conservar mi lengua y demás extremidades intactas.
4. Colarme en el despacho de la directora.
5. Cambiar mi pareja.
6. Casarme.
7. HUIR.
Garabateo un ''hecho'' desde el número uno al seis, y hago una gran interrogación en el siete, sin descartar la opción todavía. Mordisqueo el lápiz y apunto el número ocho:
8. Sobervivir.
Arrugo la nota y la vuelvo a guardar en su sitio. Me reclino sobre el sofá y sigo mordisqueando el lápiz hasta que se astilla. ¿Cómo sé que Drake se trae algo entre manos? Es solo una sospecha. ¿Y si mis paranoias han llegado tan lejos que todo el mundo me parece sospechoso? No. Imposible.
Me masajeo las sienes para atenuar los pinchazos y suspiro. Ha sido la Operación. Tiene efectos secundarios en mí. Me hace actuar en contra de mi voluntad; me hace ver cosas que no son.
Me planteo la idea de que a lo mejor los médicos lo han hecho intencionadamente para que no cometa ninguna locura mientras no esté Operada. Otra cosa de lo que tengo que librarme cuando vaya a huir.
-Drake, cariño...-le llamo con voz cantarina-. Háblame de los Rebeldes.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)