Pero mis pensamientos no están de acuerdo. Me asaltan diversas imágenes sobre cómo habría podido ser mi futuro marido si no hubiera trucado el ordenador, si hubiera dejado que el chico de nariz aguileña hubiera sido emparejado conmigo. Al mismo tiempo, me siento culpable por no haber cambiado la pareja de Noah antes de su Emparejamiento. Es verdad que nunca hubo mucha confianza entre nosotras, pero había algo que nos unía: nuestro pasado. Y yo había roto esa bonita unicón dejándola ir con Jimmy.
Me estampo un cojín en la cara, desolada, y me echo a llorar en silencio, olvidando por un momento que estoy Operada y lo visto esta tarde no debería afectarme.
En cambio, el Gobierno no lo deja pasar tan fácilmente. Casi a los dos minutos, un grupo de agentes llama a la puerta con fuerza y corro a abrir. Lo empiezo a ver todo borroso y me tengo que apoyar en el quicio de la puerta, jadeando. Me mantengo consciente el tiempo suficiente para ver que un agente me estampa en la mano un sello en el que pone: ''DESEMPAREJADA''.
Despierto sobresaltada y bañada en sudor. ¿Ha sido sólo un sueño? Sería un alivio.
-¿D...Drake?-trato de imprimirle seguridad a mi voz- ¿Puedes venir, por favor? No me encuentro demasiado bien.
Lo espero con las piernas cruzadas y una manta echada sobre ellas, con la expresión más neutral posile.
-Dime, Scarlett-. Drake se sienta a mi lado y me mira con el ceño ligeramente fruncido.
-¿He hecho algo raro cuando Noah se ha ido?
-Te has deshecho de ellos como quien no quiere la cosa, te has acercado renqueando al sofá y te has dormido unos treinta minutos.
Imposible.
-No puede ser cierto-replico con suavidad- Ellos se fueron por su propio pie. Y yo no me he... ¿no han venido unos oficiales y...?-me miro la mano, esperando ver el sello, pero no hay nada-. Olvídalo, no es nada. Gracias, Drake.
-¿De verdad te encuentras bien?
Niego con la cabeza y le pido que se marche para terminar de dar forma a la idea que tengo en la cabeza. Un pinchazo insistente ha empezado a latir en mis sienes, y tengo que entornar los párpados para concentrarme. Me llevo la mano al escote y saco un papel muy arrugado, con grandes manchas de tinta. Mi lista de cosas que hacer.
1. Conseguir que
2. Librarme de algún modo de la Operación.
3. Conservar mi lengua y demás extremidades intactas.
4. Colarme en el despacho de la directora.
5. Cambiar mi pareja.
6. Casarme.
7. HUIR.
Garabateo un ''hecho'' desde el número uno al seis, y hago una gran interrogación en el siete, sin descartar la opción todavía. Mordisqueo el lápiz y apunto el número ocho:
8. Sobervivir.
Arrugo la nota y la vuelvo a guardar en su sitio. Me reclino sobre el sofá y sigo mordisqueando el lápiz hasta que se astilla. ¿Cómo sé que Drake se trae algo entre manos? Es solo una sospecha. ¿Y si mis paranoias han llegado tan lejos que todo el mundo me parece sospechoso? No. Imposible.
Me masajeo las sienes para atenuar los pinchazos y suspiro. Ha sido la Operación. Tiene efectos secundarios en mí. Me hace actuar en contra de mi voluntad; me hace ver cosas que no son.
Me planteo la idea de que a lo mejor los médicos lo han hecho intencionadamente para que no cometa ninguna locura mientras no esté Operada. Otra cosa de lo que tengo que librarme cuando vaya a huir.
-Drake, cariño...-le llamo con voz cantarina-. Háblame de los Rebeldes.
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