Entro en el hospital unos minutos después de Noah. El olor a desinfectante y productos químicos hace que se me nuble la vista y me tenga que apoyar en la pared. La recepcionista no se digna a mirarme, de modo que me las arreglo como puedo para llegar a un sillón blanco.
Lo observo todo con atención, tratando de captar cada detalle; preparándome para cuando sea mi turno. Inconscientemente, busco salidas traseras, y calculo si las ventanas se romperían fácilmente.
Sacudo la cabeza. No. Me cogerían al instante, me calificarían de desorientada mental y me encerrarían. Y prefiero vivir como un androide a como un vagabundo.
Observo a la gente entrar. Una chica alta y temblorosa, acompañada por un agente, entra corriendo. La mayoría de las personas que pasan ante mí están emocionadas por su Operación y Emparejamiento.
Pasan las horas. Creo que doy un par de cabezadas para despejar la mente, ya que he vuelto a soñar lo mismo que la noche anterior. Bañada en sudor, abro los ojos. La recepcionista se yergue ante mí, con una aguja preparada en la mano. Asustada, me deslizo rápidamente hacia la izquierda y me lanzo al suelo. ¿Qué diablos pretende?
-¿Qué hace?-le espeto.
La recepcionista se encoge de hombros y se señala la boca. Debo de tener expresión de no estar entendiendo nada, porque la abre y veo que no tiene lengua. Enarco una ceja y asiento. Es un modo de castigo muy común. Las personas que se niegan a la Operación o han tenido relaciones sexuales o de otro tipo con algún hombre o mujer son castigados severamente. Les cortan la lengua, por ejemplo.
La mujer vuelve a su sitio tras el mostrador y repiquetea con los tacones sobre el pulido suelo. Cuando empiezo a ponerme nerviosa, Noah sale de la sala de operaciones con un precioso vestido verde mar y unos tacones de varios centímetros. Le han recogido el pelo en un moño alto y parece nerviosa, aunque su expresión no ha cambiado ni un ápice.
Me pongo en pie y me acerco a ella con preacaución.
-¿Qué tal?-le pregunto.
-Esto es genial, Scarlett-exclama Noah, sobresaltándome-Te tratan como una princesa. Lo malo es que la Operación no te hace efecto hasta pasadas veinticuatro horas. Me encanta esto. ¿Estoy guapa?
Noah da una vuelta y yo aplaudo son una gran sonrisa. Me alegra que esté feliz.
-Preciosa. Tu pareja será muy afortunada.-Y no era mentira.
Ella me da la mano y me guía hacia una sala contigua, donde el aerodeslizador de antes nos está esperando. Montamos en él por la misma escalerilla y nos acomodamos en unos sillones.
El viaje es muy corto. Creo que nos llevan en aerodeslizador por seguridad más que por comodidad, ya que podríamos ir andando. En el fondo, los entiendo. Últimamente, los rebeldes atacan a todo el que pueden. Especialmente a los que no están operados.
La Sala de Emparejamientos es un lugar muy amplio, con suelo de mármol y paredes tapizadas de terciopelo. En el fondo de la sala hay un escenario, y una plataforma con un micrófono, quesupongo que ocupará el encargado de emparejar. A la derecha están las chicas, todas con expresión serena y segura.
Le doy un apretón a Noah para infundirle seguridad y me dirijo a la esquina, donde hay una silla colocada para mí. Me siento y cruzo las piernas con discreción, tal como me indicó Noah.
Los chicos entran el fila, vestidos de esmoquin y con el pelo repeinado. Parecen igual de tranquilos y seguros que las chicas. Entre ellos me parece reconocer a dos o tres que iban conmigo a la escuela, antes de la Gran Guerra, pero que no recuerdo su nombre.
Mis ojos pasan de uno en uno, tratando de averiguar quién será mi pareja. Hay un par de cincuentones que espero que no me toquen.
Calculo las probabilidades de que me toque un pelirrojo muy atractivo o un moreno bastante tranquilo. Al menos, me entretengo con algo.
Pero dejo de bromear sobre mi futuro cuando veo al último de la fila. Un chico rubio platino y alto, de penetrantes ojos grises y complexión fuerte. No deseo que me emparejen con él.
Porque es el que vi anoche en el orfanato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario