Noah me despierta lo que a mí me parecen unos minutos más tarde, aunque en realidad han pasado dos horas desde que me dormí. Cierro los ojos en cuanto los recuerdos de la noche anterior vuelven a agolparse en mi mente, y tengo que volver a autoconvencerme de que el chico fue un sueño. Es imposible que un chico entre aquí, está totalmente prohibido. A no ser que fuera un rebelde, lo que es impensable. Lo habrían descubierto.
Miro la mesita que hay a mi lado en busca de mi horario, que tengo que estampar en mi brazo para que se tatúe, pero no hay nada. Supongo que Noah habrá informado a todas de que iré con ella a su Emparejamiento.
Decido darme una ducha para aclarar las ideas y estar más o menos presentable. Mientras dejo que el agua tibia se deslice por mi cuerpo, pienso en los rebeldes. Podrían haber entrado perfectamente, todos saben que tienen un sistema de armas y demás objetos deespionaje que el Gobierno desconoce, y es incapaz de enfrentarse a ellas. Por lo que a mí me han contado, son hombres, en su mayoría, que viven en el bosque que rodea la ciudad y que no están de acuerdo con las normas impuestas por el Gobierno. Ninguno de ellos ha recibido la Operación ni acudió a su Emparejamiento, lo que se asume que es una vida salvaje y enferma a merced de sus sentimientos.
Noah vuelve a llamar con fuerza a la puerta.
-¡Ya voy, ya voy!-grito, frunciendo el ceño cuando el agua empieza a dejar de manar gradualmente. Oh, genial. Se ha acabado mi tiempo.
Salgo de la ducha y me envuelvo en una toalla de color gris. No tengo que pararme a pensar en qué ponerme, ya que mi armario está lleno de monos reglamentarios, como los de las demás. Y que vaya a asistir a un Emparejamiento no significa que hagan una excepción conmigo.
Dejo que mi pelo se seque al aire y abro la puerta para dirigirme a la habiación de Noah. La encuentro de pie ante un bonito espejo, retocándose el maquillaje. Su vestido y zapatos están preparados en una bolsa.
-No los verás hasta mi Emparejamiento-me advierte, con voz neutra-Elaine nos acompañará hasta la salida, donde un oficial del Gobierno nos recogerá.
Asiento distraídamente mientras observo la bolsa roja, que desentona con las paredes gris monótonas de nuestro cuarto. Los pisos superiores son los más descuidados, la entrada, el comedor y la sala de estar son los más cuidados y ostentosos, quieren dar buena imagen.
Noah se da la vuelta y vuelve a sonreír con esa horrible mueca suya. Le devuelvo la sonrisa y nos dirigimos a la salida. Las demás están asomadas a las puertas, aún en camisón, y puedo leer en sus ojos la envidia que les provocamos Noah y yo. Eso me hace sentir muy bien.
Elaine está ante la puerta con las manos tras la espalda y el pelo recogido en un apretadísimo moño del que no se le escapa ni un pelo. No puedo evitar compararla con una muñeca de porcelana.
El oficial nos espera fuera. Justo encima suya hay un aerodeslizador pequeño y discreto, que no puedo evitar mirar con ojos desorbitados. Los aerodeslizadores tienen precios exorbitantes, y sólo el Gobierno puede permitirse el comprarlos. Ahora podré alardear de haber montado en uno el resto de mi vida, si es que me acuerdo cuando me operen el cerebro.
Nos suben al aerodeslizador con una escalera que nos lanzan desde arriba. Noah y yo trepamos obedientemente, y yo me dejo caer en un lujoso sillón en cuanto llegamos arriba.
-En un mes es tu dieciocho cumpleaños-observa Noah, dándome un apretón amistoso en el hombro.
-Ya-respondo, haciendo una mueca. No me gusta que me lo recuerden-¿vendrás tú también a mi Emparejamiento?
-¿Lo dices en serio?-exclama, y asiento-¡Me encantaría! Seguro que tu pareja será guapísima, y os habrán asignado una casa enorme en el campo...
-...O lo que queda de él...
-...Y tendréis muchos hijos, que visitarán a los míos. ¡Será fantástico!
El aerodeslizador frena repentinamente, y el oficial nos apremia a bajar. Noah agarra la bolsa y se desliza por la escalera, seguida de cerca por mí.
La Gran Ciudad es impresionante. Pequeños coches eléctricos circulan por la calzada, y las personas, vestidas con extravagantes colores y llamativos tatuajes, caminan de la mano por las atiborradas aceras. Hay innumerables tiendas a ambos lados de la calle, y no puedo evitar mirar sus bonitos pero caros vestidos.
-Algún día tendrás uno, Scarlett-me digo-algún día.
Noah me guía con paso seguro a través de la multitud hasta un precioso edificio blanco que se erige en mitad de todos los demás. El hospital, donde le harán la Operación.
-Elaine me ha explicado todo lo que tengo que hacer-dice repentinamente, sin perder el gesto serio-de modo que sé lo que hago. Tú espérame fuera. La Operación es rápida y eficaz, así que saldré de la sala de operaciones en pocos minutos. Lo más complejo será vestirme y maquillarme, de lo que se encargan unas estilistas del Gobierno. Podrás entrar cuando la recepcionista te avise; le dejaré el mensaje. Cuando entres y estés a mi lado, pasaremos a la Sala de Emparejamientos. Una vez allí, te retirarás discretamente a un lado de la sala y observarás sin intervenir. Con un poco de suerte, nos acompañarás a mi pareja y a mí a nuestra nueva casa. Luego, podrás irte de vuelta a la institución.
Tomo nota mental de todo lo que me dice. Lo ha expresado de forma segura y de carrerilla, como si se lo hubiera estudiado. La Operación no la cambiará mucho.
Lo que más me molesta es tener que estar callada e invisible, como si no existiera. Pero debo acatar sus órdenes, o de lo contrario me expulsarán de la sala y no podré prepararme para mi propio Emparejamiento.
Será divertido.
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